Medio ambiente y clima · Tierra y agua

Volcanes de El Salvador: cómo se vigila un territorio con más de 200 centros eruptivos

Sismicidad, gases, deformación y temperatura: así se detectan señales tempranas en la cadena volcánica. Lo que la ciencia puede anticipar y lo que no.

Ilustración editorial sobre la vigilancia volcánica en El Salvador
Ilustración: Infolenca · Edición 2026

Lo esencial

200+

centros eruptivos identificados en el territorio salvadoreño.

USGS, 2026
6

volcanes con programa de vigilancia permanente.

SNET / MARN
1917

año del último flujo de lava del volcán de San Salvador.

USGS, 2026

El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica y, al mismo tiempo, uno de los territorios con mayor densidad de volcanes del continente. La cifra que suele sorprender es esta: más de 200 centros eruptivos, entre grandes estratovolcanes, conos pequeños y fracturas por donde ha salido magma. No todos están activos ni todos representan el mismo riesgo, pero el conjunto explica por qué la vigilancia volcánica es una política pública y no un ejercicio académico.

La vigilancia no consiste en predecir una erupción con fecha y hora. Consiste en detectar cambios en el interior de un volcán antes de que ocurra un evento, interpretarlos con datos y comunicar el nivel de incertidumbre. Es un trabajo de monitoreo continuo, no de bola de cristal.

Un país construido sobre una zona de subducción

Los volcanes salvadoreños no se formaron sobre un punto caliente, como los de Hawái. Se formaron porque la placa oceánica de Cocos se hunde bajo la placa Caribe frente a la costa del Pacífico. Ese proceso, llamado subducción, libera agua y fluidos que hacen fundir roca en el manto y generan magma. El magma asciende y sale por la corteza en forma de arcos volcánicos.

La cadena volcánica salvadoreña es el resultado visible de ese proceso. También lo son las fallas que atraviesan el país y que explican por qué el magma puede emerger lejos de los grandes conos. De ahí la cifra de más de 200 centros eruptivos: muchos son monogenéticos, es decir, se formaron en una sola erupción y no volvieron a activarse.

Esa geología tiene una consecuencia práctica: el riesgo no se concentra solo en los volcanes famosos. Un cono pequeño, una fractura o un cráter lateral pueden estar cerca de una comunidad y no aparecer en el imaginario colectivo. El atlas volcánico que el MARN y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) trabajan busca justamente inventariar y caracterizar esos centros.

Los volcanes que tienen historia

El USGS señala que cinco volcanes salvadoreños tienen erupciones históricas documentadas: Santa Ana, San Miguel, San Salvador, Izalco e Ilopango. Dos de ellos, Santa Ana y San Miguel, han erupcionado en los últimos 25 años. En 2005, la erupción del Santa Ana (Ilamatepec) dejó dos personas muertas y obligó a evacuar comunidades cercanas; el evento recordó que un volcán «dormido» puede despertar con poco aviso.

El volcán de San Salvador es el caso más incómodo por su cercanía a la capital. Su última erupción con flujo de lava ocurrió en 1917 y afectó áreas que hoy están urbanizadas. La caldera de Ilopango, por su parte, protagonizó una de las erupciones más grandes de la región en el siglo V, con efectos que se registran en depósitos de ceniza de varios países.

Volcanes con vigilancia y señales de referencia

VolcánSeñal histórica documentadaQué se observa
Santa Ana (Ilamatepec)Erupción freática en 2005Sismicidad, gases, temperatura y química de la laguna cratérica
San Salvador (Boquerón)Flujo de lava en 1917Sismicidad, deformación, gases y fallas del flanco
IlopangoErupción del siglo VSismicidad en la caldera y sus alrededores
IzalcoActividad eruptiva hasta 1966Sismicidad y desgasificación
San VicenteSin erupción históricaSismicidad y química de fuentes
San Miguel (Chaparrastique)Erupciones y explosiones recientesSismicidad, gases, ceniza y deformación

Fuente: Elaboración propia con USGS (2026), MARN (2025) y SNET.

La erupción del Santa Ana de 2005 fue un recordatorio de lo que puede ocurrir cerca de un volcán que llevaba décadas sin actividad mayor. El evento combinó explosiones freáticas con emisión de magma, según la cobertura de BBC Mundo: el cráter lanzó ceniza, rocas y magma. Dejó dos personas muertas y obligó a evacuar comunidades. También mostró la importancia de las campañas de campo y de la comunicación oportuna.

El Chaparrastique, en San Miguel, ha dado señales parecidas en años recientes: explosiones leves, emisión de ceniza y desgasificación. No son erupciones catastróficas, pero mantienen activo el sistema de vigilancia y obligan a las autoridades a explicar cada cambio. La diferencia entre una crisis y un susto depende, en buena medida, de la calidad de esa explicación.

Qué se mide

La vigilancia moderna combina varias señales. Ninguna, por sí sola, alcanza para declarar una alerta; lo que importa es el patrón conjunto.

  • Sismicidad: pequeños sismos que indican movimiento de fluidos o fractura de roca. Se registran con estaciones permanentes y se comparan con la línea base de cada volcán.
  • Gases: el dióxido de azufre, el dióxido de carbono y el sulfuro de hidrógeno son indicadores de desgasificación. Un cambio brusco puede anticipar actividad.
  • Deformación: el suelo se infla o se desinfla cuando el magma se mueve. Se mide con inclinómetros, GPS y otras técnicas.
  • Temperatura: cámaras térmicas registran el calor de fumarolas y lagos cratéricos.
  • Química del agua: en volcanes con laguna, el pH, la conductividad y la composición del agua ayudan a interpretar la actividad hidrotermal.

El Observatorio de Amenazas y Recursos Naturales del MARN realiza campañas periódicas en los volcanes activos. En julio de 2025, un equipo descendió a la laguna del cráter del Santa Ana para medir gases con un analizador Multigas, tomar muestras de agua y registrar temperaturas con una cámara térmica. Las muestras se analizan con laboratorios internacionales y con universidades, y el trabajo se coordina con Protección Civil para garantizar el descenso seguro.

Ese tipo de campaña se complementa con la red permanente de estaciones sísmicas y con los reportes que el MARN publica cuando hay cambios. La información no es inmediata ni automática: requiere interpretación de especialistas.

De la señal a la alerta

Un volcán no emite una alerta por sí solo. El MARN interpreta los datos, emite informes técnicos y recomienda niveles de alerta; Protección Civil toma la decisión operativa y coordina evacuaciones si hacen falta. Esa separación entre el dato científico y la decisión política es deliberada: evita que una lectura aislada dispare una respuesta desproporcionada y obliga a documentar por qué se activa una alerta.

El sistema funciona mejor cuando la población conoce los niveles de alerta antes de que ocurra un evento. Una comunidad que sabe qué significa «alerta verde», «amarilla» o «roja» puede actuar más rápido que una que recibe la información por primera vez en medio de una emergencia.

Lo que no se puede predecir

La vulcanología puede detectar perturbaciones y estimar escenarios, pero no puede garantizar cuándo ni cómo terminará una crisis. Hay volcanes que muestran señales durante meses y no erupcionan; otros pasan de la calma a una explosión freática en pocas horas. La incertidumbre es parte del problema, no un defecto del monitoreo.

También hay límites materiales: no todos los centros eruptivos tienen instrumentos permanentes, y mantener una red densa cuesta dinero y personal. Por eso la prioridad se concentra en los volcanes con población expuesta y con historia de actividad reciente.

Los simulacros y las sirenas cumplen una función que los datos no pueden cumplir: convertir la información en práctica. Una comunidad que ha ensayado una evacuación reacciona distinto a una que escucha la alarma por primera vez. Por eso los planes de Protección Civil incluyen rutas, puntos de encuentro y responsabilidades asignadas, no solo mapas de amenaza.

Qué hacer con la información

Para quien vive cerca de un volcán, la recomendación práctica es simple: conocer el plan de evacuación, identificar las rutas y las zonas de encuentro, y seguir los comunicados oficiales del MARN y de Protección Civil. Las cadenas de mensajes y los videos sin fecha son una fuente frecuente de confusión en emergencias.

La ceniza, además, tiene efectos que van más allá de la erupción: afecta el agua, los cultivos, los animales y las vías respiratorias. Un plan volcánico serio incluye protección de fuentes de agua y manejo de residuos de ceniza, no solo la evacuación.

El Salvador no puede evitar vivir sobre una cadena volcánica. Lo que sí puede hacer es reducir la exposición, mantener la vigilancia y comunicar con claridad lo que se sabe y lo que no. Esa es la diferencia entre convivir con el riesgo y ser sorprendido por él.

Cómo se hizo este artículo

Se usó el artículo del USGS de mayo de 2026 como fuente principal para el inventario volcánico y las erupciones históricas. Los métodos de vigilancia se contrastaron con la campaña de campo del MARN en el Santa Ana (2025) y con el programa del SNET. No se usaron estimaciones de población en riesgo ni fechas de erupción que no estuvieran respaldadas por una fuente identificable.

  • Serie: Tierra y agua
  • Fuentes citadas: 6
  • Revisión editorial: Moisés Bonilla · Editor
  • Publicado: 20/10/2026 20:30
  • Correcciones: política pública

Preguntas frecuentes

¿Cuántos volcanes activos tiene El Salvador?

El territorio tiene más de 200 centros eruptivos, pero no todos están activos. El USGS identifica cinco volcanes con erupciones históricas documentadas, y el programa de vigilancia del SNET mantiene seguimiento permanente en seis: Santa Ana, San Salvador, Ilopango, Izalco, San Vicente y San Miguel.

¿Se puede predecir una erupción?

No con fecha y hora. La vigilancia detecta cambios en sismicidad, gases, deformación y temperatura que permiten estimar escenarios y elevar alertas. La erupción puede ocurrir con poco aviso, sobre todo en eventos freáticos, y la incertidumbre forma parte de la gestión del riesgo.

¿Qué hace el MARN con los datos?

Los interpreta, los compara con la línea base de cada volcán y emite informes técnicos. Con esa información, Protección Civil decide niveles de alerta y medidas de evacuación. El MARN también realiza campañas de campo, como el muestreo de la laguna del cráter del Santa Ana en 2025.

¿Qué debo hacer si vivo cerca de un volcán?

Conocer el plan de evacuación de tu comunidad, tener a mano los contactos oficiales y seguir solo comunicados del MARN y de Protección Civil. En caso de caída de ceniza, proteger el agua y los alimentos, usar mascarilla y evitar conducir si la visibilidad se reduce.

Fuentes y documentos

  1. Volcano Watch: Think Hawaii has many volcanoes? Think again, says El Salvador U.S. Geological Survey (USGS) · 2026-05-07 Más de 200 centros eruptivos, cinco volcanes con erupciones históricas y contexto del atlas volcánico.
  2. Monitoreo de la laguna en el cráter del volcán Santa Ana Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) · 2025-07-22 Medición de gases, temperatura y muestras de agua en la laguna cratérica.
  3. Principales volcanes activos vigilados – Programa de monitoreo volcánico permanente Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) · s.f. Listado de volcanes con vigilancia y métodos de monitoreo.
  4. Monitoreo volcánico y evaluación de amenaza en El Salvador Revista Volcánica · 2021 Revisión científica de la vigilancia y la evaluación de amenaza volcánica en el país.
  5. El Salvador: volcán deja dos muertos BBC Mundo · 2005-10-01 Cobertura de la erupción del Santa Ana en 2005.
  6. Volcán Chaparrastique reporta leves explosiones y desgasificación Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) · 2023 Ejemplo de monitoreo de actividad reciente en San Miguel.

Autoría y revisión

Redacción infolenca

Equipo editorial

Equipo editorial de Infolenca. Redacta y documenta los cuadernos de la Edición 2026 sobre medio ambiente, clima, historia y patrimonio de El Salvador y Centroamérica.

Revisión editorial: Moisés Bonilla · Editor

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