El lago de Coatepeque tiene una particularidad que explica casi todo lo que le pasa: no tiene salida superficial. Es una depresión cerrada, formada por el hundimiento de un grupo de conos volcánicos, y su drenaje es subterráneo hacia las subcuencas de los ríos Sucio y Suquiapa, ambos tributarios del Lempa. Lo que entra al lago, o sale por evaporación, infiltración o extracción, o se queda.
Esa condición lo convierte en un sistema vulnerable a lo que ocurre en su cuenca. También lo convierte en un destino turístico de primer orden y en el cuerpo de agua salvadoreño con la vigilancia científica más sostenida fuera de los embalses. Las dos cosas —el atractivo y la fragilidad— dependen del mismo indicador: la calidad del agua.
Este reportaje reconstruye lo que se sabe del lago a partir de los informes oficiales del Ministerio de Medio Ambiente (MARN), de la Autoridad Salvadoreña del Agua (ASA) y de los muestreos del Laboratorio de Toxinas Marinas de la Universidad de El Salvador (LABTOX-UES). No incluye entrevistas propias ni mediciones independientes: describe lo que las instituciones han publicado.
Un cráter que funciona como cuenca
El MARN describe el lago como un cuerpo de origen volcánico con una cuenca de aproximadamente 70 kilómetros cuadrados y una superficie acuática de 24,8 kilómetros cuadrados, referenciada a una elevación promedio de 740 metros sobre el nivel del mar. La profundidad que la institución consigna es de 115 metros.
En febrero de 2023, el Ministerio declaró el espejo de agua como Área Natural Protegida, la número 194 del país, mediante el Decreto Ejecutivo 16, con la categoría de manejo de Paisaje Terrestre Protegido. El plan incluye una zona de amortiguamiento donde se concentran las actividades económicas y turísticas, y un conjunto de lineamientos que prohíben las descargas directas de aguas residuales, los plásticos de un solo uso y los fuegos artificiales. El lago integra además la Reserva de Biosfera Apaneca Ilamatepec, reconocida por la Unesco.
Marzo de 2024: el agua cambia de color
El 18 de marzo de 2024, el MARN informó de un aumento de cianobacterias que había alterado la coloración del lago y afectado su calidad, con un olor desagradable. El agua mostraba matices marrones y verdes oscuros. El ministro de Medio Ambiente, Fernando López, atribuyó el fenómeno a las altas temperaturas, la radiación solar y los nutrientes presentes en el agua.
El comunicado explicaba el mecanismo: la descomposición de cianobacterias filamentosas producía el cambio de tonalidad y, cuando la biomasa se hundiera, el lago recuperaría su color. Como medida preventiva, se pidió a residentes y visitantes evitar actividades recreativas con contacto directo con el agua y se advirtió que las playas no eran aptas para el baño, en especial para personas con piel sensible.
El MARN estimó entonces que el evento podría mantenerse unos 15 días, aunque advirtió que, si las condiciones climáticas se mantenían estables, podrían producirse ciclos adicionales que prolongarían la situación hasta cuatro meses. El monitoreo se intensificó con patrullajes y muestreos en la ribera y en el centro del lago; las muestras se analizaron en el laboratorio de calidad de agua para medir sulfatos, nitratos, fosfatos y nitrógeno total.
El 30 de marzo, un nuevo comunicado identificó las zonas donde la condición era recurrente: los alrededores de la isla Teopán, La Peña, Lajamaya, El Bajadero, El Manguito y el Bajadero de Los Planes. El viento y el oleaje diluyeron algunos parches, pero persistían concentraciones notables en el centro del lago.
Lo que encontró el laboratorio
La Universidad de El Salvador aportó la parte cuantitativa. Su Laboratorio de Toxinas Marinas muestreó el lago el 15 de marzo de 2024 en seis puntos y volvió el 11 de abril, en lo que describió como el tercer monitoreo del año. En esa segunda salida no encontró proliferación de cianobacterias en altas concentraciones y clasificó el nivel de riesgo como bajo o nulo para aguas recreacionales, con base en los niveles establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
El 11 de noviembre de 2024, con cinco puntos de muestreo y el apoyo de la ASA y de la Fundación Coatepeque, el laboratorio documentó un escenario distinto. Aunque durante el recorrido no se observaron parches de color, las concentraciones celulares de dos especies potencialmente tóxicas eran altas: Limnoraphis cf. birgei con 71.440 células por mililitro y Aphanizomenon cf. flos-aquae con 22.480, ambas en el punto 2.
Con esos valores, el informe clasificó el riesgo para bañistas como moderado, según los criterios de la OMS para aguas recreacionales, que sitúan el umbral de atención en 100.000 células por mililitro. El dato es importante porque matiza una intuición frecuente: el lago puede verse transparente y, al mismo tiempo, albergar una comunidad de cianobacterias que exige seguimiento.
Parámetros medidos el 11 de noviembre de 2024
| Parámetro | Rango en cinco puntos | Lectura |
|---|---|---|
| Clorofila a | 0,71 – 1,36 µg/L | Biomasa fitoplanctónica baja |
| Fósforo total | 0,041 – 0,047 mg/L | Estable entre puntos |
| Nitrógeno total | 0,115 – 0,130 mg/L | Estable entre puntos |
| Transparencia (disco de Secchi) | 5,5 – 8,0 m | Agua visualmente clara |
| pH | 8,82 – 8,89 | Alcalino |
| Conductividad | 1.703 – 1.778 µS/cm | Alta, coherente con cuenca volcánica |
| Índice de estado trófico de Carlson | 40 | Mesotrófico |
Fuente: LABTOX-UES, informe INF 2024-029, muestreo del 11 de noviembre de 2024.
Mesotrófico no significa sano
El índice de estado trófico de Carlson calculado por el laboratorio fue de 40, lo que clasifica el lago como mesotrófico: una categoría intermedia, entre la baja productividad y la eutrofización declarada. Para un lago profundo y de cuenca cerrada, ese resultado es razonable y, a la vez, engañoso si se lee como un certificado de salud.
El estado trófico describe la productividad del sistema, no la toxicidad de lo que flota en él. Un lago mesotrófico puede sostener un brote de cianobacterias si confluyen temperatura alta, radiación intensa, ausencia de viento y un aporte puntual de nutrientes. Es exactamente la combinación que el MARN describió en marzo de 2024 y que la Universidad volvió a documentar en abril de 2026.
El fósforo total, con valores cercanos a 0,04 miligramos por litro, es el parámetro que mejor anticipa problemas futuros. En lagos cerrados, el fósforo que llega por escorrentía agrícola, aguas residuales o sedimentos no tiene salida: se acumula. La conductividad alta y el pH alcalino son coherentes con la composición volcánica de la cuenca, pero también con una carga de sales que conviene seguir.
Boyas, barcazas y el límite de la tecnología
En diciembre de 2024 comenzó a instalarse un sistema de boyas ultrasónicas. En abril de 2025, la ASA informó de 60 boyas y de una reducción del 30% en la concentración de cianobacterias frente al mismo período del año anterior, con base en monitoreo satelital y mediciones de campo. La institución atribuyó la mejora al uso de esa tecnología y describió su función: alterar las condiciones que favorecen el crecimiento de las cianobacterias sin afectar a otros organismos acuáticos.
El mismo comunicado reconocía límites: se registraron acumulaciones de biomasa en zonas como los alrededores de la isla Teopán y el sector sur, por aumento de temperatura, radiación intensa y falta de viento, factores que dificultan la dispersión de los microorganismos en descomposición. Para esos casos, el MARN y la ASA intensificaron la extracción mecánica de biomasa flotante en puntos críticos como El Bajadero El Manguito.
En marzo de 2025, el Gobierno anunció la llegada de barcazas con sistemas de filtración. La distinción técnica importa: las boyas y las barcazas actúan sobre el brote visible, no sobre la carga de nutrientes que lo alimenta. Mientras el fósforo siga entrando a una cuenca sin salida, el problema se podrá contener, pero no resolver.
El 6 de marzo de 2025 se había registrado un nuevo aumento de Limnoraphis, favorecido por el calor y la ausencia de lluvias, según el MARN. El patrón se repite cerca de Semana Santa, cuando suben la radiación y la temperatura del agua. Es un calendario que el turismo conoce y que la vigilancia intenta anticipar.
- Febrero de 2023: el espejo de agua se declara Área Natural Protegida n.º 194.
- 18 de marzo de 2024: el MARN informa de un aumento de cianobacterias y advierte que las playas no son aptas para el baño.
- 11 de abril de 2024: el tercer muestreo de LABTOX-UES no encuentra altas concentraciones y clasifica el riesgo como bajo o nulo.
- 11 de noviembre de 2024: LABTOX-UES registra 71.440 cel/mL de Limnoraphis y clasifica el lago como mesotrófico, con riesgo moderado para bañistas.
- Diciembre de 2024: comienza la instalación de boyas ultrasónicas.
- 6 de marzo de 2025: nuevo aumento de Limnoraphis, asociado a calor y falta de lluvia.
- Abril de 2025: la ASA reporta 60 boyas y una reducción del 30% en cianobacterias frente al año anterior.
- Abril de 2026: la UES documenta una nueva proliferación, favorecida por temperaturas altas y escorrentía tras las lluvias.
El turismo que depende del agua
El lago recibe cientos de turistas nacionales y extranjeros en distintas épocas del año, según describió la cobertura periodística del brote de 2026. La actividad se concentra en la zona de amortiguamiento definida por el plan de manejo, donde operan quintas recreativas y comercios. Para ese sector, la calidad del agua no es un tema ambiental abstracto: es el producto.
Las advertencias oficiales tienen efecto inmediato: cuando el MARN recomienda evitar el contacto con el agua, el visitante cambia de plan. La información se convierte en una decisión económica en cuestión de horas.
Monitorear no es restaurar
El lago de Coatepeque tiene algo que muchos cuerpos de agua salvadoreños no tienen: una serie de muestreos con laboratorio, fechas y parámetros. El LABTOX-UES vigila el lago desde 2004, según su director, Óscar Amaya, y esa continuidad permitió detectar el brote de 2024, clasificarlo y compararlo con años anteriores.
Lo que esa serie todavía no permite es responder la pregunta central: cuánta carga de nutrientes entra al lago cada año y de dónde viene. El MARN midió sulfatos, nitratos, fosfatos y nitrógeno total en 2024; la Universidad midió fósforo y nitrógeno total en noviembre. Son fotos puntuales de un sistema que se mueve con las estaciones.
Sin un balance anual de nutrientes, la discusión sobre responsabilidades queda en el aire. Las descargas de aguas residuales están prohibidas por los lineamientos de 2023, pero prohibir no es lo mismo que medir. La escorrentía agrícola, mencionada por el propio ministro en 2025, tampoco tiene un caudal conocido ni una serie que permita atribuirle una fracción del problema.
Mientras eso no cambie, el lago seguirá dependiendo de una secuencia conocida: el calor aprieta, la lluvia lava la cuenca, las cianobacterias encuentran nutrientes, el agua cambia de color y la alerta llega. La ciencia ha cumplido su parte: detecta y describe. La restauración es una decisión distinta, y esa todavía no tiene serie.