La temporada de incendios en Centroamérica no empieza con una chispa. Empieza con un calendario: los meses en que no llueve, la vegetación seca y el viento. En El Salvador, el Cuerpo de Bomberos contabilizó 3.775 incendios entre el 1 de enero y el 25 de mayo de 2026, un 47% más que en el mismo período de 2025.
De esos, 175 fueron forestales, frente a 86 un año antes. Los incendios en maleza siguen siendo los más numerosos, con 2.669 casos, pero los forestales son los que más daño ambiental causan: queman árboles, arbustos, fauna y zonas de infiltración de agua, según explicó el director de Bomberos, Baltazar Solano.
Esta guía ordena lo que dicen las fuentes sobre la temporada, las causas y la prevención. También señala qué no se puede comparar entre países y por qué.
Cuándo empieza y cuándo termina
La temporada coincide con la época seca. En El Salvador, el MARN activa el Protocolo de Monitoreo y Atención de Incendios en Áreas Naturales Protegidas cuando se establece la época seca, y en 2024 construyó 570 kilómetros de brechas cortafuego en esas áreas. Las brechas son franjas sin vegetación que cortan el paso del fuego y sirven de línea de control.
El riesgo no es constante dentro de la temporada. El MARN advierte que con los vientos nortes el peligro crece y que las quemas de rastrojo son una causa recurrente. En diciembre, la pólvora, la basura y las quemas suman emergencias: entre el 12 y el 29 de diciembre de 2024, las instituciones atendieron 228 incendios, 104 de ellos en maleza y cuatro forestales.
El cierre lo marca la llegada de las lluvias. En 2026, la cifra al 25 de mayo ya superaba en más de mil casos el total del mismo período de 2025, según Bomberos.
El mapa de la temporada 2026
El desglose por tipo de incendio muestra dónde creció el problema. La comparación corresponde al mismo corte: del 1 de enero al 25 de mayo de cada año.
Incendios atendidos en El Salvador, 1 de enero al 25 de mayo
| Tipo de incendio | 2025 | 2026 | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Maleza | 1.800 | 2.669 | +869 |
| Forestales | 86 | 175 | +89 |
| Estructurales | 334 | 493 | +159 |
| Basureros | 175 | 230 | +55 |
| Vehículos | 174 | 208 | +34 |
| Total | 2.569 | 3.775 | +1.206 |
Fuente: Cuerpo de Bomberos, declaraciones de su director Baltazar Solano, 27 de mayo de 2026.
El mayor salto absoluto está en los incendios de maleza, con 869 casos más. El mayor salto relativo está en los forestales, que se duplicaron. Los estructurales y los de basurero también aumentaron, una señal de que el fuego no se quedó en los terrenos abiertos.
El contraste con el año anterior es marcado. Entre el 1 de enero y el 25 de noviembre de 2025, Bomberos había atendido 3.226 incendios, un 20% menos que en 2024: 89 forestales, 1.870 en maleza, 616 estructurales, 434 en vehículos y 217 en basureros. En menos de cinco meses, 2026 superó ese total de once meses.
La comparación tiene un límite: un corte llega al 25 de noviembre y el otro al 25 de mayo, de modo que no son años completos. Aun así, el volumen de 2026 en cinco meses supera el de once meses del año previo, y el peso de los forestales creció más que el del resto de las categorías.
Las causas: el fuego casi nunca es natural
En El Salvador, el 99% de los incendios son provocados por seres humanos, por descuido, negligencia o intención, según el MARN. En Guatemala, el CONAP reporta que el 98,82% de los incendios atendidos en áreas protegidas durante la temporada 2023-2024 tuvo causas antropogénicas; el 1,18% restante quedó sin causa especificada.
El INAB enumera las prácticas que están detrás: quema de residuos agrícolas o rozas, quema de basura, limpias de terrenos baldíos con fuego y fogatas mal apagadas. El MARN añade las colillas en zonas boscosas y la extracción de colmenas. Son acciones cotidianas, no fenómenos naturales.
El marco legal existe. El INAB recuerda que provocar incendios forestales es un delito penado con multas y penas de prisión de entre 2 y 10 años en Guatemala. En El Salvador, el MARN recomienda a los agricultores evitar la quema de rastrojos o de cualquier residuo en períodos de fuertes vientos.
La distinción importa para la prevención. Si el fuego casi siempre es humano, la mayoría de los incendios se puede evitar con avisos, sanciones y manejo de combustible. La sequía y el viento explican la propagación, no el origen.
Qué se quema cuando se quema un bosque
Guatemala perdió 241.568 hectáreas de cobertura forestal y no forestal dentro de áreas protegidas en la temporada 2023-2024, según el CONAP. De ellas, 80.038 hectáreas eran bosque y 161.530 otros tipos de cobertura, en su mayoría convertidas a tierras agrícolas. El 2,25% del territorio nacional quedó afectado.
Petén concentró 234.559 hectáreas, con 197.795 dentro de la Reserva de Biosfera Maya. Los ecosistemas más golpeados fueron el bosque latifoliado de Laguna del Tigre y Sierra del Lacandón. El CONAP registró 429 incendios atendidos en áreas protegidas y advirtió que la temporada superó el promedio de los últimos 16 años: 227 incendios y 27.448,54 hectáreas por año.
En Guatemala, el INAB reportó 1.688 incendios liquidados en lo que iba de 2025, con 40.948 hectáreas afectadas: 18.437 dentro de áreas protegidas y 22.510 fuera. En El Salvador, la cobertura forestal se estima en 37,9% del territorio e incluye bosque latifoliado, café bajo sombra, coníferas y manglares, según el Inventario Nacional de Bosques citado por el MARN.
Prevención: brechas, brigadas y alerta temprana
La prevención tiene tres frentes. El primero es físico: brechas cortafuego, rondas y manejo de combustible. El MARN construyó 570 kilómetros de brechas en áreas naturales protegidas en 2024, dentro de un protocolo que se activa al inicio de la época seca.
El segundo es humano. El INAB capacita a entre 4.000 y 5.000 personas, conforma brigadas voluntarias locales de primera respuesta y mantiene estructuras preventivas en los proyectos de incentivos forestales PINPEP y PROBOSQUE.
El tercero es regional. En agosto de 2026, Guatemala, El Salvador y Honduras socializaron la Estrategia Regional para Manejo de los Incendios Forestales 2025-2030, coordinada por el CEPREDENAC con apoyo técnico de la FAO. La estrategia integra reducción del riesgo, análisis del comportamiento del fuego, respuesta y restauración de los territorios afectados.
El diagnóstico que la acompaña es explícito: las temporadas son cada vez más intensas, complejas y prolongadas por el cambio climático, la presión sobre los recursos naturales y la vulnerabilidad territorial. La prevención, en ese marco, no consiste únicamente en apagar incendios: es ordenar el uso del fuego.
Cronología de una temporada
- Antes de la época seca: brechas cortafuego, rondas y limpieza de combustible en áreas protegidas y parcelas.
- Inicio de la época seca: el MARN activa el protocolo de monitoreo y atención en áreas naturales protegidas.
- Diciembre: pólvora, basura y quemas suman emergencias; en 2024 se atendieron 228 incendios entre el 12 y el 29 de diciembre.
- Enero a mayo: el período que concentra el conteo de Bomberos; en 2026 sumó 3.775 incendios.
- Con las primeras lluvias: el riesgo baja, aunque no desaparece.
- Después del fuego: restauración de suelos y cobertura; el INAB incluye estructuras preventivas en PINPEP y PROBOSQUE.
Qué hacer y qué no
- No quemar residuos agrícolas. Si la quema es indispensable, avisar al INAB y a la municipalidad, además de a los vecinos.
- No quemar basura en áreas boscosas.
- Construir rondas cortafuego alrededor de las parcelas que se usan para rozas.
- No dejar fogatas encendidas ni arrojar colillas en zonas con vegetación seca.
- Evitar la extracción de colmenas con fuego.
- Reportar humo o fuego a los cuerpos de socorro y a la municipalidad.
Cómo leer una cifra de incendios
No todas las cifras cuentan lo mismo. Un incendio «atendido» no es un incendio «ocurrido»: muchos conatos se apagan antes de propagarse y no entran en la estadística. Una hectárea afectada puede ser bosque, rastrojo o maleza, y el impacto ecológico es distinto en cada caso.
Las instituciones tampoco miden igual. El Cuerpo de Bomberos cuenta emergencias atendidas; el MARN reporta incendios en áreas protegidas; el CONAP y el INAB reportan superficie afectada. Comparar cifras de distintas fuentes sin mirar la unidad es la forma más rápida de equivocarse.
Por eso conviene preguntar tres cosas: qué institución contó, qué unidad usa y qué período cubre. La diferencia entre 86 y 175 incendios forestales en El Salvador es real, pero solo significa algo si se compara el mismo período y la misma definición.
La temporada de 2026 deja una lección práctica: el fuego creció más en los forestales que en cualquier otra categoría. Eso desplaza el foco de la respuesta hacia la prevención en los bordes del bosque, donde las quemas agrícolas y la basura encuentran combustible.