Cada año, entre julio y agosto, una pausa de lluvias parte el invierno centroamericano en dos. Es la canícula. Cuando se alarga, el maíz que estaba en floración pierde rendimiento y la cosecha de primera se retrasa. Cuando las reservas familiares se agotan antes de tiempo, la escasez de alimentos empieza semanas antes de lo previsto.
En el corredor seco esa secuencia se repite con más frecuencia que en el resto del istmo. La FAO describe la zona como un territorio que va desde Chiapas, en México, hasta áreas de Costa Rica y Panamá, con unas 21 millones de personas en municipios rurales y más del 20% del empleo dedicado a la agricultura y a los granos básicos.
Este explicador reúne lo que dicen las fuentes sobre el clima, la agricultura y la adaptación en esa franja. No hay una sola causa ni una sola solución: hay un calendario que se está moviendo y una institucionalidad que intenta seguirlo.
Qué es el corredor seco
No es un mapa con una línea oficial. Es una franja de territorios con estación seca larga, suelos parecidos y medios de vida similares: laderas del Pacífico, valles internos y zonas de ladera en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, además de zonas áridas de República Dominicana, según el documento de la FAO sobre el Corredor Seco y Zonas Áridas de la región SICA.
El documento, de 2023, calcula 21 millones de personas en municipios rurales y más de 5 millones de emigrantes de la región SICA en Estados Unidos, equivalentes al 8% de la población. Señala también que la agricultura representa 7% del PIB regional y una quinta parte del empleo, y que las remesas equivalen en promedio al 13% del PIB.
La vulnerabilidad no viene solo de la falta de lluvia. Viene de la combinación de sequías largas con lluvias intensas: en los cinco años previos al documento, la región registró dos años de sequía, tres huracanes de categoría 4 y 5 y tres tormentas tropicales.
El calendario que se rompió
El ciclo agrícola salvadoreño se organiza en dos siembras: primera, que depende de las lluvias de mayo y junio, y postrera, que aprovecha las de septiembre y octubre. La canícula de julio y agosto es el punto frágil. Si se prolonga, el maíz pierde polinización y el frijol de postrera queda expuesto.
En 2025 la postrera fue mala. El informe de FEWS NET para El Salvador, publicado en febrero de 2026, atribuye el adelanto de la temporada de escasez al agotamiento temprano de las reservas en hogares rurales afectados por bajas cosechas. De febrero a mayo, la mayor parte del país se mantiene en Estrés (Fase 2 de la clasificación IPC) y una parte de los hogares pobres del Corredor Seco Oriental cae en Crisis (Fase 3).
El informe proyecta que entre junio y septiembre se sumen más áreas a la Fase 2 y que la proporción de hogares en Fase 3 crezca hasta el pico de la temporada de escasez. La cosecha de primera, que empieza a mediados o finales de agosto, es el punto de quiebre. El reporte difundido por El Mundo añade un riesgo adicional: una canícula prolongada entre julio y agosto afectaría el maíz en su etapa reproductiva y retrasaría la recuperación de reservas.
El patrón se repite. En agosto de 2024, un informe regional de FEWS NET advirtió que el atraso en el inicio del ciclo de primera extendería un mes la temporada de escasez y que los hogares del corredor seco y del norte de Honduras seguirían en Crisis (Fase 3) hasta la cosecha de septiembre. El documento señalaba déficits de lluvia en el occidente de Honduras, el norte de El Salvador y el centro de Nicaragua.
La agricultura que sostiene la dieta
En El Salvador, el sector agropecuario emplea a 406.320 personas, el 14,3% del empleo nacional y el 31,3% del empleo rural, según datos de la Oficina Nacional de Estadística y Censos citados por la economista Meraris Carolina López Díaz en Investigaciones UCA.
Los granos básicos son la rama más dinámica del sector: aportan el 19,3% del valor agregado agrícola. Unos 363.400 productores siembran 591.686 manzanas, con predominio de maíz (63%), frijol (22%) y sorgo (15%). El 90% de ellos produce para subsistencia y opera en la informalidad.
El relieve ordena esa agricultura. El SNET distingue tres zonas térmicas según la altura: de 0 a 800 metros el promedio baja de 27 a 22 grados; de 800 a 1.200 metros va de 22 a 19; y por encima de 1.200 metros desciende hasta 16 grados en las planicies altas. En un país tan pequeño, esa diferencia define qué se puede sembrar y en qué mes.
El área cosechada cayó en 67.058 manzanas entre 2008 y 2022, sobre todo por reducciones de sorgo (-37%) y frijol (-17%). En 2022, el 31,5% del maíz y el 13,1% del frijol que se consumieron en el país fueron importados.
Cuánto cuesta un evento extremo
La misma investigación contabiliza 33 eventos climáticos extremos entre 2009 y 2023, con pérdidas totales de 2.573,21 millones de dólares. De esa cifra, 590,57 millones corresponden a granos básicos, equivalentes al 377% del PIB agrícola de 2023.
Pérdidas por eventos climáticos extremos en El Salvador (millones de dólares)
| Año | Evento | Pérdidas totales | Pérdidas en granos básicos |
|---|---|---|---|
| 2009 | Sequía | 27,00 | 27,00 |
| 2011 | Depresión tropical 12-E | 1.000,00 | 163,28 |
| 2015 | Sequía | 100,00 | 80,42 |
| 2020 | Huracanes Eta e Iota | 10,01 | 10,01 |
| 2023 | Sequía asociada a El Niño | 84,00 | 84,00 |
| Total | 33 eventos, 2009-2023 | 2.573,21 | 590,57 |
Fuente: López Díaz, Investigaciones UCA, 2025, con base en informes del MARN, MAG, Gobierno de El Salvador y CEPAL.
La sequía de 2015 es el caso más citado. El rendimiento de maíz cayó a 38,7 quintales por manzana, frente a un promedio histórico de 45,49. La sequía de 2023, asociada a El Niño, dejó pérdidas estimadas en 84 millones de dólares solo en granos básicos.
Adaptación: qué se está haciendo
La FAO y los países del SICA diseñaron una cartera de cinco inversiones para el corredor seco, con un monto total de 311 millones de dólares y una tasa interna de retorno promedio de 27%. Los beneficiarios directos estimados son 545.000 hogares; los indirectos, 2,46 millones de personas.
La cartera incluye zonificación agrícola del riesgo climático para 272.000 familias, mapas digitales de suelos para 511.000, fortalecimiento de los institutos de investigación agrícola, ecosistemas digitales para 22.400 productores y 100 sistemas de riego para 12.000 familias del corredor seco, con un ingreso neto adicional estimado de 592 dólares por familia al año.
Hay otras dos piezas en marcha: el programa Reclima en El Salvador, con 128 millones de dólares, y un programa regional de adaptación basada en ecosistemas del BCIE, con 268 millones para siete países.
Ninguna de esas inversiones cambia el clima. Lo que hacen es reducir la exposición: captar agua, diversificar cultivos, mejorar suelos y tener información antes de sembrar. La adaptación no elimina la sequía; disminuye el daño cuando llega.
El problema del tiempo
La alerta temprana existe. FEWS NET publica perspectivas con meses de anticipación y clasifica la inseguridad alimentaria por fases. El problema es la distancia entre el aviso y la respuesta: cuando la cosecha ya se perdió, la ayuda recompone el consumo, no evita la pérdida.
La acción anticipatoria, es decir, transferencias antes del pico de escasez, semilla mejorada o agua para riego de emergencia, requiere financiamiento rápido y reglas claras. Los documentos regionales la mencionan como prioridad; su escala efectiva en el corredor seco no está documentada en las fuentes consultadas.
Cinco señales para leer la temporada
- Cuándo empezó la canícula y cuánto duró. Una canícula larga golpea el maíz en floración y reduce el rendimiento.
- Cómo cerró la postrera anterior. Si la cosecha de septiembre a octubre fue baja, las reservas familiares llegan cortas a la temporada de escasez.
- Qué dice el pronóstico de lluvia para la primera. Un retraso en el inicio de las lluvias cambia la fecha de la cosecha y el precio del maíz.
- En qué fase IPC está el municipio. La fase describe la gravedad, no el número de personas afectadas.
- Qué precio tiene la canasta básica. Un alimento caro convierte una cosecha regular en una crisis de acceso.
Lo que viene
El corredor seco no va a desaparecer. Su clima es parte del territorio y la agricultura de subsistencia seguirá dependiendo de la lluvia. Lo que puede cambiar es la capacidad de anticipar, almacenar y diversificar.
Los datos disponibles permiten seguir la evolución con dos series: la superficie cosechada, que cayó en 67.058 manzanas entre 2008 y 2022, y el costo acumulado de las pérdidas, que suma 2.573,21 millones de dólares en quince años. La adaptación compite contra ese deterioro.
La pregunta útil no es si habrá otra sequía, sino cuánto tiempo tendrá el país para responder cuando el pronóstico la anuncie. Ese plazo se mide en semanas y depende de decisiones que se toman antes de que falte el agua.