Un humedal no es un terreno baldío con agua. Es un ecosistema que permanece inundado o con el suelo saturado durante una parte considerable del año, y que en ese estado cumple funciones que ningún otro sistema cumple igual: retiene crecidas, recarga acuíferos, filtra contaminantes y sostiene fauna acuática. El Salvador tiene muchos, de tipos muy distintos, y desde hace décadas intenta contarlos.
Este explicador ordena lo que dicen las fuentes disponibles: cuántos humedales se han identificado, cuáles tienen reconocimiento internacional, qué funciones cumplen y qué presiones los afectan. También señala un detalle que suele pasar desapercibido: el inventario nacional y el registro internacional no coinciden del todo.
Cuántos humedales hay y cuántos están en el registro internacional
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales informó en febrero de 2026 que en el territorio nacional se han identificado 126 humedales, de los cuales siete están reconocidos como Humedales de Importancia Internacional bajo la Convención Ramsar. La nota oficial menciona siete nombres: Laguna del Jocotal, Bahía de Jiquilisco, Embalse Cerrón Grande, Laguna de Olomega, Complejo Güija, Jaltepeque y Barra de Santiago.
El registro de Ramsar, consultado en 2026, contiene ocho sitios salvadoreños y una superficie total de 228.719 hectáreas. El octavo es el Complejo Los Cóbanos, en Sonsonate, con 21.312 hectáreas, designado el 2 de febrero de 2019. Una tesis de la Universidad de El Salvador de junio de 2025 ya trabajaba con la cifra de ocho sitios y más de 228 mil hectáreas.
La diferencia no invalida ninguna de las dos fuentes, pero sí muestra algo práctico: los conteos dependen de la fecha y del criterio con que se actualizan las listas. Para leer cualquier cifra sobre humedales conviene preguntar de qué año es y quién la publicó.
Qué tipos de humedal tiene el país
La variedad es amplia. Hay humedales continentales de agua dulce, como la Laguna del Jocotal y la Laguna de Olomega; complejos lagunares como Güija; un embalse artificial convertido en el mayor cuerpo de agua dulce del país, el Cerrón Grande; y humedales costeros de agua salobre, como Jiquilisco, Jaltepeque y Barra de Santiago, donde el manglar es la estructura dominante.
Esa diversidad complica el conteo. Un manglar, una laguna, un playón estacional y un embalse hidroeléctrico comparten el hecho de tener agua, pero funcionan de manera distinta y enfrentan presiones distintas. Agruparlos en una sola cifra sirve para comunicar, no para gestionar.
Los ocho sitios Ramsar
La Convención Ramsar es un tratado intergubernamental firmado en 1971 en la ciudad iraní que le da nombre. Los países se comprometen a designar humedales de importancia internacional y a mantener sus características ecológicas. La tabla siguiente reúne los sitios salvadoreños con su superficie y su fecha de designación.
Sitios Ramsar de El Salvador
| Sitio | Superficie (ha) | Designación |
|---|---|---|
| Área Natural Protegida Laguna del Jocotal | 4.479 | 22-01-1999 |
| Complejo Bahía de Jiquilisco | 63.500 | 31-10-2005 |
| Embalse Cerrón Grande | 60.698 | 22-11-2005 |
| Laguna de Olomega | 7.557 | 02-02-2010 |
| Complejo Güija | 10.180 | 16-12-2010 |
| Complejo Jaltepeque | 49.474 | 02-02-2011 |
| Complejo Barra de Santiago | 11.519 | 16-01-2014 |
| Complejo Los Cóbanos | 21.312 | 02-02-2019 |
| Total | 228.719 | — |
Fuente: Ramsar Sites Information Service, lista anotada de El Salvador, consultada en 2026.
Los dos sitios más extensos son costeros o artificiales: Jiquilisco, con 63.500 hectáreas, y el embalse de Cerrón Grande, con 60.698. Juntos representan más de la mitad de la superficie Ramsar del país. El más antiguo es la Laguna del Jocotal, designada en 1999.
Qué hace un humedal por el agua
El Ministerio de Medio Ambiente resume las funciones en cuatro: regular el ciclo del agua, retener carbono, purificar el recurso hídrico y actuar como barrera frente a eventos extremos. Es una descripción correcta y breve. Cada una de esas funciones tiene una traducción concreta en la vida de las comunidades.
La regulación hídrica significa que el humedal absorbe agua cuando sobra y la libera cuando falta. Un manglar amortigua la ola de una tormenta; una laguna retiene la crecida de un río; un suelo saturado recarga el acuífero que después abastece un pozo. Cuando el humedal se rellena o se drena, esa capacidad se pierde y el agua llega antes y con más fuerza a los poblados.
La escala global de esa función es enorme. La Convención sobre los Humedales estimó en 2025 que se han perdido al menos 400 millones de hectáreas de humedales desde 1970 y que cerca de una cuarta parte de las que quedan están degradadas. El mismo informe calcula que los humedales restantes aportan beneficios por hasta 39 billones de dólares al año.
La filtración es otra función con valor económico directo. Un humedal retiene sedimentos y nutrientes antes de que lleguen a una toma de agua. En un país donde la turbidez del río obliga a usar coagulantes adicionales en la potabilización durante la estación lluviosa, esa capacidad tiene un precio medible en químicos y en horas de operación.
El caso del embalse de Cerrón Grande
El embalse de Cerrón Grande sirve para explicar cómo un humedal puede ser, al mismo tiempo, una obra de infraestructura y un ecosistema. La ficha oficial de Ramsar lo describe como un embalse artificial que constituye el mayor cuerpo de agua dulce del país, situado en el tramo medio del río Lempa.
La ficha registra 60.698 hectáreas de humedal, de las cuales unas 13.500 corresponden al espejo de agua, y una población ribereña de 98.041 habitantes en catorce municipios. Documenta al menos 15 especies de peces, 12 de ellas nativas, y concentraciones máximas de aves acuáticas de 145.111 individuos en 2002. También registra capturas pesqueras de 2.105 toneladas en 1997, 1.768 en 1998 y 2.049 en 1999.
Y enumera sus amenazas: contaminación del agua y eutrofización, deforestación, erosión y la presencia de jacinto de agua, una planta exótica que cubre superficies y afecta la pesca, la navegación y la calidad del agua. Es el patrón que se repite en casi todos los humedales del país: un ecosistema que produce beneficios concretos y recibe presiones igual de concretas.
Amenazas: contaminación, sedimentos y cambio de uso del suelo
Las fichas Ramsar de los sitios salvadoreños coinciden en tres tipos de presión. La primera es la contaminación: aguas residuales sin tratar, vertidos industriales y residuos sólidos. La segunda es el cambio de uso del suelo: expansión agrícola, ganadería, urbanización no regulada y tala para leña o construcción. La tercera es la alteración de la hidrología: drenajes, rellenos y obras que cambian el flujo del agua.
Los ejemplos están documentados sitio por sitio. Barra de Santiago registra urbanización no regulada, sobrepastoreo, expansión de la caña de azúcar y demanda creciente de madera para construcción. La Laguna del Jocotal enfrenta reducción del nivel de agua por manejo inadecuado, contaminación por residuos y sedimentos, y pesca, caza y ganadería sin control. El Complejo Güija suma especies invasoras, quema intencional y falta de sistemas de saneamiento en las comunidades aledañas.
El trasfondo es nacional. El informe de calidad de ríos de 2021, citado por un artículo de Estudios Centroamericanos de 2025, indica que el 78,7% de las muestras tomadas en cuerpos de agua presentaban calidad mala o pésima y que el 79% de los ríos necesitaban planes de descontaminación. La Estrategia Nacional de Saneamiento Ambiental de 2013 señalaba que el 95% de las aguas residuales domésticas se descargaban sin tratamiento.
Por qué el inventario no basta
Contar humedales es el primer paso, no el último. Un inventario dice cuántos hay y dónde están; no dice si están ganando o perdiendo superficie, si su hidrología se mantiene o si las especies que los habitan siguen allí. Para eso hacen falta series periódicas, con la misma metodología y con acceso público.
Hay un segundo límite: la definición. Los humedales incluyen desde un manglar de miles de hectáreas hasta una laguneta estacional que solo aparece en invierno. Si el criterio de conteo cambia, la cifra cambia. Por eso comparar inventarios de distintos años sin conocer la metodología puede producir conclusiones falsas.
El tercer límite es la gestión. Un sitio Ramsar no es una reserva automática: el país se compromete a mantener sus características ecológicas, pero las decisiones sobre uso del suelo, permisos de construcción o vertidos siguen tomándose en otras instancias. La designación internacional es una obligación, no una muralla.
Cómo leer una noticia sobre humedales
La información sobre humedales suele llegar en forma de cifras sueltas. Estas cinco preguntas ayudan a ubicarlas.
- ¿La cifra es de humedales identificados o de sitios con reconocimiento internacional? Son dos conteos distintos y no deben sumarse.
- ¿De qué año es el dato y qué metodología usó? Un inventario de 2026 no es comparable con uno de 2005 sin conocer el criterio.
- ¿Se trata de superficie total, de espejo de agua o de cobertura de manglar? Son medidas diferentes dentro del mismo sitio.
- ¿La fuente distingue entre el humedal y su área de amortiguamiento? La ficha de Cerrón Grande, por ejemplo, incluye 60.698 hectáreas de humedal y solo unas 13.500 de embalse.
- ¿Quién tiene competencia sobre el sitio? MARN, municipios, ANDA y las comunidades no administran lo mismo.
Aplicar esas preguntas no resuelve el problema de fondo, pero evita dos errores frecuentes: celebrar una cifra sin saber qué mide y lamentar una pérdida sin saber con qué se compara. En un país con 126 humedales identificados y una presión urbana y agrícola creciente, la diferencia entre contar y medir es la diferencia entre informar y administrar.