Medio ambiente y clima · Tierra y agua

El agua en El Salvador: balance, cobertura y la trampa del promedio anual

El país recibe suficiente lluvia en el año, pero la cobertura de agua cayó a 62,7% en 2024 y la estación seca concentra el riesgo. Las cifras, las fuentes y lo que no se mide.

Ilustración editorial de la edición 2026 sobre el agua en El Salvador
Ilustración: Infolenca · Edición 2026

Lo esencial

2.489 m³

de agua renovable por persona al año en 2022, frente a 4.260 m³ en 1970.

Banco Mundial
62,7%

de cobertura de agua en 2024, frente a 76,0% cinco años antes.

El Diario de Hoy / datos oficiales
126

humedales identificados; siete sitios Ramsar según el MARN y ocho en el registro internacional.

MARN / Ramsar

El Salvador tiene fama de país seco. La fama es parcialmente cierta y parcialmente engañosa. En un año promedio caen alrededor de 1.823 milímetros de lluvia sobre el territorio, una cifra que no sugiere escasez. El problema aparece cuando esa lluvia se mira en el calendario: se concentra en pocos meses, escurre rápido hacia el Pacífico y no siempre queda almacenada donde se necesita.

La discusión pública suele resolverse con dos frases opuestas: «sobra agua» o «no hay agua». Ninguna de las dos explica lo que muestran los datos. El país tiene una disponibilidad anual por persona por encima del umbral convencional de estrés hídrico, pero arrastra una caída sostenida de esa disponibilidad, una cobertura de servicio que retrocedió en los últimos años y una estación seca que pone a prueba cada verano el abastecimiento urbano y rural.

Este cuaderno ordena las cifras disponibles, identifica qué mide cada fuente y señala las preguntas que el país todavía no responde con datos abiertos y comparables.

La lluvia no es el problema (en promedio)

El dato de lluvia más citado proviene del informe GEO El Salvador, coordinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: la oferta hídrica que llega por lluvia es de 1.823 milímetros anuales en promedio. Para comparar, una ciudad como San Salvador recibe más lluvia al año que Londres o Madrid. La diferencia no está en el volumen anual, sino en cómo se distribuye.

Como en casi todo el Pacífico centroamericano, la lluvia se concentra en la estación húmeda, entre mayo y octubre. El resto del año es seco o muy seco. Esa concentración obliga a almacenar agua para meses en los que no llueve: embalses, acuíferos, lagos y sistemas comunitarios cumplen esa función, con capacidades desiguales.

Cuando se habla de «estrés hídrico» se suele usar el umbral de 1.700 metros cúbicos por persona al año, una convención internacional que sirve para comparar países, no para describir la realidad de un municipio. El Salvador está por encima de ese umbral si se mira solo el promedio nacional. Pero el promedio esconde dos cosas: la tendencia a la baja y la diferencia entre tener agua en el territorio y tener agua en la llave.

Gráfico de línea que muestra la caída del agua renovable por persona en El Salvador entre 1970 y 2022
La disponibilidad por persona cayó casi a la mitad en medio siglo, aunque el país sigue por encima del umbral convencional de estrés hídrico. Fuente: Banco Mundial

El promedio que engaña

La serie del Banco Mundial permite ver la tendencia: en 1970 el país tenía 4.260 metros cúbicos por persona al año; en 2022, 2.489. La caída no se explica por una sequía permanente, sino por el crecimiento de la población y por la forma en que se contabiliza el agua renovable. Es una media nacional que no dice nada sobre la disponibilidad en un cantón de La Unión en abril.

El dato también tiene límites técnicos. La métrica de «recursos internos renovables» estima el agua que se genera dentro del país a partir de la lluvia, sin descontar la que se contamina ni la que se pierde antes de llegar al usuario. Un país puede tener una media aceptable y, al mismo tiempo, ríos contaminados, acuíferos sobreexplotados y redes que pierden una parte del agua que transportan.

Indicadores clave del agua en El Salvador

IndicadorDatoAñoFuente
Lluvia media anual1.823 mm2002PNUMA, GEO El Salvador
Agua renovable por persona2.489 m³2022Banco Mundial
Cobertura de agua62,7%2024El Diario de Hoy / datos oficiales
Cobertura cinco años antes76,0%2019El Diario de Hoy / datos oficiales
Humedales identificados1262026MARN
Sitios Ramsar7 (MARN) / 8 (Ramsar)2026MARN / Ramsar

Fuente: MARN / Ramsar Sites Information Service

La cobertura que retrocede

El dato más incómodo de los últimos años no es la lluvia: es la cobertura. Según la información oficial difundida por El Diario de Hoy en diciembre de 2025, el país pasó de una cobertura de agua de 76,0% a 62,7% en 2024, el último dato oficial actualizado. Más de dos millones de personas no tienen cobertura de agua potable.

La caída de trece puntos porcentuales en cinco años es difícil de explicar solo por la sequía. La nota periodística la vincula con la zona rural, donde la cobertura siempre fue menor, y con el agua no facturada: volúmenes que se producen y se pierden antes de llegar a un usuario registrado. Es una pista, no una explicación completa.

Para leer ese 62,7% conviene distinguir tres cosas: cobertura de red (si hay tubería), continuidad del servicio (si el agua llega todos los días) y calidad del agua (si es potable). Un municipio puede tener cobertura alta y servicio intermitente. Otro puede tener cobertura baja y abastecimiento por camión o por sistemas comunitarios que no aparecen en la estadística nacional.

La brecha rural y las ASADAS

La cobertura nacional esconde una desigualdad territorial que el promedio no muestra. En las ciudades, la red de ANDA y los sistemas municipales cubren a la mayoría de los hogares; en el área rural, una parte importante de las comunidades depende de pozos, manantiales, camiones cisterna o sistemas comunitarios. Esa diferencia explica por qué una caída de trece puntos porcentuales en la estadística nacional se siente de forma tan distinta según el municipio.

En el ámbito rural, buena parte del servicio lo administran las ASADAS, asociaciones comunitarias que construyen, operan y mantienen sus propios sistemas de agua potable. Su trabajo no suele aparecer en las grandes cifras, pero sostiene el abastecimiento de miles de familias. También enfrentan problemas estructurales: tarifas que no cubren el mantenimiento, falta de asistencia técnica, pozos que se secan y una exposición creciente a la contaminación.

La consecuencia es una brecha que se mide en horas y en calidad, no solo en porcentajes. Una vivienda puede estar «cubierta» y recibir agua dos veces por semana; otra puede no estar en la red y depender de un manantial que se agota en marzo. Para captar esa realidad, los indicadores tendrían que desagregarse por municipio, por tipo de sistema y por continuidad del servicio. Hoy, la información disponible no siempre permite hacerlo.

De dónde sale el agua que se consume

El agua potable salvadoreña proviene de una mezcla de fuentes superficiales y subterráneas. Los ríos y embalses aportan volúmenes importantes; los acuíferos sostienen buena parte del consumo urbano y rural, sobre todo donde no hay grandes obras de almacenamiento. El río Lempa, compartido con Guatemala y Honduras, es la columna vertebral de la cuenca más extensa del país y alimenta el embalse Cerrón Grande, clave para la generación hidroeléctrica.

A esa infraestructura se suman los lagos —Ilopango, Coatepeque, Güija— y los humedales. El Ministerio de Medio Ambiente identificó 126 humedales en el territorio, de los cuales siete tienen reconocimiento internacional según el MARN; el registro de Ramsar contabiliza ocho (incluye el Complejo Los Cóbanos, designado en 2019). Los ocho sitios del registro son: Complejo Los Cóbanos, Laguna del Jocotal, Bahía de Jiquilisco, Embalse Cerrón Grande, Laguna de Olomega, Complejo Güija, Jaltepeque y Barra de Santiago. No todos se usan para abastecimiento humano, pero todos cumplen funciones de regulación del ciclo del agua.

En el ámbito rural, una parte del servicio no lo presta la empresa estatal ni el municipio: lo administran asociaciones comunitarias conocidas como ASADAS. Su papel es central en miles de comunidades, pero su situación —financiamiento, calidad, asistencia técnica— no siempre aparece en las estadísticas nacionales con el detalle necesario.

La consecuencia práctica es que el «balance hídrico» del país no se puede leer como una sola cuenta. Hay cuencas con superávit estacional y cuencas con presión permanente; hay ciudades con red y comunidades sin ella; hay agua que se contabiliza y agua que se pierde o se contamina antes de usarse.

Clima: la lluvia también se está moviendo

La discusión sobre el agua no puede separarse del clima. Los análisis regionales advierten que la estación húmeda será más irregular: lluvias más intensas en menos días, sequías más frecuentes y una mayor presión sobre los sistemas de almacenamiento. Para un país que ya concentra casi toda su lluvia en seis meses, ese cambio no es un escenario lejano; es una variable que afecta el diseño de embalses, la agricultura y el abastecimiento urbano.

El fenómeno de El Niño y La Niña modulan esa variabilidad. En años de El Niño, la estación seca puede alargarse y las reservas llegan al límite; en años de La Niña, las lluvias intensas pueden desbordar ríos y dañar infraestructura. La gestión del agua tiene que operar en ambos extremos, no solo en el promedio.

La variabilidad no es una novedad en el istmo: los ciclos de El Niño y La Niña han marcado sequías y crecidas durante siglos. Lo nuevo es la presión simultánea del crecimiento urbano, la expansión agrícola y una infraestructura que envejece. El clima agrava el problema, pero no lo crea por sí solo.

Calidad, pérdidas y decisiones

El tercer factor, después de la cantidad y la cobertura, es la calidad. Los ríos que atraviesan áreas densamente pobladas reciben descargas de aguas residuales, escorrentía agrícola y residuos sólidos. El monitoreo existe, pero no con la misma frecuencia ni con la misma publicidad en todos los cuerpos de agua. Sin series comparables, es difícil saber si un río está mejor o peor que hace una década.

La gestión también está repartida. El Ministerio de Medio Ambiente (MARN) regula y monitorea; la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) opera buena parte de los sistemas urbanos; la Autoridad Salvadoreña del Agua (ASA) tiene competencias específicas; los municipios y las ASADAS completan el mapa. Esa dispersión no es un detalle administrativo: define quién responde cuando falta el agua y quién paga por cuidar la cuenca.

Durante años se ha discutido una ley general de aguas que ordene prioridades, derechos y cobros por uso. Sin un marco único, cada institución gestiona su parte y las decisiones sobre una misma cuenca pueden tomarse con criterios distintos. Es una de las razones por las que el debate hídrico vuelve cada verano, cuando la estación seca expone los mismos problemas.

El agua que no se ve: acuíferos y pérdidas

Una parte importante del abastecimiento salvadoreño depende del agua subterránea. Los acuíferos son reservas invisibles: no se ven, no se facturan igual que una tubería y no siempre se monitorean con la misma frecuencia. Cuando se extrae más de lo que la lluvia recarga, el nivel desciende, los pozos producen menos y la calidad del agua puede deteriorarse por intrusión salina o por contaminantes que llegan desde la superficie.

El problema es que la contabilidad del agua subterránea es más difícil que la del agua superficial. Requiere pozos de observación, mediciones periódicas y registros de extracción que no siempre existen. Sin esa información, es posible que un acuífero esté en problemas antes de que el sistema público lo advierta.

A las pérdidas físicas se suman las comerciales. En muchas redes urbanas, una parte del agua producida no llega a un usuario registrado: se pierde por fugas, medidores inexactos o conexiones no contabilizadas. Reducir ese volumen es, en la práctica, una fuente de agua adicional. Y suele ser más barato que construir una nueva presa.

Por eso el debate sobre «falta de agua» debería incluir tres preguntas técnicas: cuánto se pierde en la red, cuánto se extrae de los acuíferos y cuánta agua se devuelve al ciclo después de usarla. Ninguna de las tres se resuelve con un eslogan.

Qué se mide y qué no

El país cuenta con un Sistema de Información Hídrica y con estaciones meteorológicas del MARN y del SNET. Esas redes permiten seguir la lluvia, los caudales de algunos ríos y los niveles de embalses. Lo que suele faltar es la misma granularidad para el agua subterránea: cuánto se extrae, cómo evolucionan los acuíferos y qué pasa en los pozos que abastecen a comunidades enteras.

Otro vacío es el de los usos. Saber cuánta agua consume la agricultura, la industria, las ciudades y el sector eléctrico requiere medidores y registros que no siempre son públicos. Sin esa contabilidad, cualquier discusión sobre «a quién le toca» queda a medias.

La buena noticia es que las fuentes internacionales permiten reconstruir tendencias de largo plazo sin depender de un solo informe nacional. La serie del Banco Mundial, la información de Ramsar y los reportes del MARN se pueden cruzar. La mala noticia es que ninguna de esas fuentes reemplaza el dato local, actualizado y verificable que un municipio necesita para decidir.

Cinco preguntas para leer una noticia de agua

  1. ¿El dato es nacional, de cuenca o de municipio? Un promedio nacional no describe una comunidad.
  2. ¿Es cobertura, continuidad o calidad? Son tres indicadores distintos y suelen mezclarse.
  3. ¿De qué año es el dato y cuál es la fuente original? La cobertura de 2024 no es la de 2019.
  4. ¿La comparación descuenta población y pérdidas? Sin eso, la serie puede engañar.
  5. ¿Quién toma la decisión y con qué competencia? MARN, ANDA, ASA, municipios y ASADAS no hacen lo mismo.

Lo que viene

El agua en El Salvador no es un problema de lluvia anual. Es un problema de almacenamiento, distribución, calidad y gobernanza. La caída de la cobertura y el peso de la estación seca lo muestran con claridad. También lo muestra la cantidad de instituciones que intervienen en una misma gota.

La discusión pública mejoraría si cada afirmación sobre el agua viniera acompañada de tres datos: de qué año, de qué territorio y medida cómo. Ese es el estándar mínimo para decidir sin repetir frases hechas.

Y hay una dimensión que suele quedar fuera del debate: el agua que se usa para producir alimentos y electricidad. Un balance hídrico completo tendría que contabilizar esos usos, no solo el consumo doméstico. Sin esa contabilidad, cualquier discusión sobre tarifas, prioridades o inversión pública queda incompleta.

Una política hídrica verificable necesitaría publicar, cada año, la misma batería de datos: cobertura por municipio, continuidad del servicio, agua no facturada, extracción de acuíferos y calidad de las fuentes. No hace falta un nuevo organismo para empezar; hace falta un acuerdo sobre qué se mide y cómo se reporta. Mientras ese acuerdo no exista, cada verano volverá la misma discusión con las mismas frases y con datos incompletos.

Cómo se hizo este artículo

Se cruzaron la serie del Banco Mundial (indicador ER.H2O.INTR.PC), el dato de lluvia del GEO El Salvador, la información de humedales del MARN y la cobertura oficial difundida por El Diario de Hoy. La cifra de cobertura se contrastó entre el titular y la ficha de la nota; se usa como dato de prensa sobre información oficial y se advierte que no es una serie publicada en abierto por la institución. Las cifras de disponibilidad por persona se redondearon y se presentan como promedio nacional, no como disponibilidad local.

  • Serie: Tierra y agua
  • Fuentes citadas: 7
  • Revisión editorial: Moisés Bonilla · Editor
  • Publicado: 20/10/2026 20:00
  • Correcciones: política pública

Preguntas frecuentes

¿El Salvador tiene estrés hídrico?

Depende de la escala. En promedio nacional, la disponibilidad por persona (2.489 m³ en 2022) está por encima del umbral convencional de 1.700 m³. Pero la disponibilidad cae, la cobertura retrocedió a 62,7% en 2024 y la estación seca concentra el riesgo. El estrés es estacional, territorial y de calidad, no solo anual.

¿Por qué cayó la cobertura de agua a 62,7%?

La información oficial difundida en 2025 vincula la caída con la brecha rural y con el agua no facturada. No es una explicación completa: también influyen la inversión, el mantenimiento de redes y la forma en que se registra el servicio comunitario. Cualquier explicación seria necesita datos por municipio.

¿Qué son los humedales y por qué importan para el agua?

Son ecosistemas que regulan el ciclo del agua: retienen crecidas, recargan acuíferos, filtran contaminantes y sostienen biodiversidad. El país identificó 126, y siete tienen reconocimiento internacional Ramsar. Protegerlos es una forma de proteger el abastecimiento.

¿Cuál es la diferencia entre cobertura y continuidad?

La cobertura indica si una vivienda está conectada a una red. La continuidad indica si el agua llega con regularidad. Un municipio puede tener 90% de cobertura y servicio de pocas horas al día. Medir solo la cobertura oculta ese problema.

Fuentes y documentos

  1. Renewable internal freshwater resources per capita – El Salvador (ER.H2O.INTR.PC) Banco Mundial · 2026 Serie 1962–2022; dato 2022: 2.488,7 m³ por persona.
  2. Más de dos millones de salvadoreños sin cobertura de agua potable El Diario de Hoy · 2025-12-22 Cobertura de 76,0% a 62,7% entre 2019 y 2024, con datos oficiales.
  3. Humedales son claves para el agua, la biodiversidad y la prevención de riesgos Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) · 2026-02-27 126 humedales identificados y siete sitios Ramsar.
  4. GEO El Salvador 2002 Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) · 2002 Oferta hídrica por lluvia: 1.823 mm anuales en promedio.
  5. Central America: Water security and climate resilience (Technical Focus Paper) Global Water Partnership · 2017 Contexto regional sobre estacionalidad y gestión del agua.
  6. Información institucional de cobertura de agua Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) · 2026 Portal de transparencia con documentos de cobertura y operación.
  7. Portafolio de información del Servicio Nacional de Estudios Territoriales SNET · 2026 Redes meteorológicas, hidrológicas y de monitoreo ambiental.

Autoría y revisión

Redacción infolenca

Equipo editorial

Equipo editorial de Infolenca. Redacta y documenta los cuadernos de la Edición 2026 sobre medio ambiente, clima, historia y patrimonio de El Salvador y Centroamérica.

Revisión editorial: Moisés Bonilla · Editor

¿Encontraste un error o un dato desactualizado? Escribinos y lo revisamos.