El río Lempa no nace en El Salvador. Se origina en el departamento de Chiquimula, en Guatemala, a una elevación aproximada de 1.500 metros sobre el nivel del mar, cruza una franja de Honduras y entra al territorio salvadoreño por el noreste de Chalatenango. Desemboca en la planicie costera del Pacífico, entre los departamentos de San Vicente y Usulután, después de recorrer 422 kilómetros. De ellos, 360,2 kilómetros corren dentro de El Salvador.
Ese trayecto define algo que la discusión pública suele olvidar: el agua que abastece a buena parte del país no se genera dentro de sus fronteras. La cuenca del Lempa es compartida, y su parte alta está en Guatemala y Honduras. Lo que ocurre en esas laderas, desde la cobertura forestal hasta el uso de agroquímicos, llega al cauce salvadoreño.
Este cuaderno describe la cuenca como lo que es: una infraestructura natural. Antes de que exista una tubería, un embalse o una central eléctrica, la cuenca capta lluvia, la infiltra, la filtra y la entrega en un calendario que no siempre coincide con la demanda. Entender ese sistema es la condición para discutir cualquier obra, tarifa o conflicto por el agua.
Un río que nace fuera del país
El Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) describe el Lempa como el río más largo de Centroamérica. Su cuenca trinacional tiene una superficie total de 17.790 kilómetros cuadrados: 10.082 en El Salvador, 5.251 en Honduras y 2.457 en Guatemala. La elevación máxima de la cuenca llega a 2.805 metros sobre el nivel del mar, en las montañas de Honduras.
La proporción importa. Más de la mitad del área de la cuenca está en territorio salvadoreño, de modo que el país es el principal usuario y, al mismo tiempo, el principal dependiente de un sistema que no controla por completo. Un tercio de la cuenca queda en los dos vecinos.
Un estudio de la Escuela Agrícola Panamericana Zamorano, publicado en 2002, detalla el reparto del cauce principal: 360,2 kilómetros en El Salvador, 31,4 kilómetros en Honduras y 30,4 kilómetros en Guatemala, donde el río recibe el nombre de Olopa. El mismo trabajo señala que la cuenca ocupa el 47,91% del territorio nacional, se extiende por trece de los catorce departamentos —todos menos Ahuachapán— y tiene un perímetro de 1.105,5 kilómetros.
El reparto de la cuenca, en cifras
Los datos de superficie permiten ordenar la conversación. La tabla siguiente usa las cifras del SNET y de Zamorano, que coinciden en el área total y en los kilómetros de cauce por país.
La cuenca del Lempa por país
| País | Superficie en la cuenca (km²) | Participación | Kilómetros del cauce principal |
|---|---|---|---|
| Guatemala | 2.457 | 13,8% | 30,4 |
| Honduras | 5.251 | 29,5% | 31,4 |
| El Salvador | 10.082 | 56,7% | 360,2 |
| Total | 17.790 | 100% | 422,0 |
Fuente: SNET (2005) y Zamorano (2002). Porcentajes calculados sobre el área total.
La cuenca no es únicamente un mapa: es una unidad de drenaje. Todo lo que se hace dentro de ella —sembrar, talar, urbanizar, verter— termina en el mismo cauce y, finalmente, en el Pacífico. Por eso las decisiones sobre una ladera en Chiquimula o en Ocotepeque tienen consecuencias medibles en la planta potabilizadora que abastece a San Salvador.
El peso demográfico confirma esa centralidad. El estudio de Zamorano, con base en el censo de 1992, contabilizó 3.967.159 habitantes en la porción salvadoreña de la cuenca, equivalentes al 77,5% de la población del país, distribuidos en 162 municipios. Es la cifra oficial más detallada que aparece en la literatura revisada y tiene más de tres décadas: no sirve para describir la población actual, pero sí para mostrar la escala histórica del territorio que drena el Lempa.
La infraestructura natural: qué hace la cuenca antes de la tubería
La primera función de la cuenca es concentrar el agua. Un artículo de 2025 publicado en Estudios Centroamericanos, la revista de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, calcula que la región hidrográfica del Lempa aporta el 56,9% de las contribuciones hídricas anuales promedio del país, con 11.538,8 millones de metros cúbicos al año. El cálculo usa el promedio 1970–2012 del Sistema de Información Hídrica.
La segunda función es abastecer. La Planta Potabilizadora Torogoz, que capta agua del Lempa, amplió su capacidad de producción de 1,6 a 3,0 metros cúbicos por segundo hacia 2022. Según datos de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados citados en ese mismo artículo, al menos 1,5 millones de personas en once municipios del área metropolitana de San Salvador se abastecen de esa fuente.
La red que alimenta ese sistema es extensa. El estudio de Zamorano, con datos del MARN de 2001, calcula en 6.507 kilómetros la longitud de todos los ríos de cauce permanente de la cuenca: 4.715 en El Salvador, 1.223 en Honduras y 569 en Guatemala. Ese entramado es el que recoge la lluvia de las laderas y la conduce al cauce principal.
La tercera función es amortiguar. La cuenca retiene agua en el suelo, la libera poco a poco y modera las crecidas. Cuando esa capacidad se reduce por deforestación, erosión o sellado del suelo urbano, el agua llega más rápido y más sucia: el mismo volumen que antes se infiltraba ahora escurre por la superficie y arrastra sedimentos.
Hay una cuarta función, menos visible: la cuenca transporta y deposita sedimentos. Ese material forma playones, delta y suelo agrícola, pero también llena embalses y reduce la vida útil de las obras. La cuenta de la infraestructura natural y la de la infraestructura construida se cruzan en ese punto.
Cuatro centrales en el cauce
El Lempa es también la columna vertebral eléctrica del país. Sobre su cauce y en el lago de Güija se construyeron cuatro centrales hidroeléctricas: Guajoyo, Cerrón Grande, 5 de Noviembre y 15 de Septiembre. La Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones registra sus capacidades instaladas en el informe estadístico del sector, con datos de 2014.
Centrales hidroeléctricas asociadas al Lempa
| Central | Capacidad instalada (MW) |
|---|---|
| Guajoyo | 19,8 |
| Cerrón Grande | 172,8 |
| 5 de Noviembre | 100,0 |
| 15 de Septiembre | 180,0 |
| Total hidráulico del país | 472,6 |
Fuente: SIGET, informe estadístico del subsector eléctrico, datos de 2014 (publicado en 2015).
La concentración es alta. El artículo de la UCA señala que más del 95% de la potencia hidráulica del país se concentra en la cuenca del Lempa. La Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa generó 1.565,5 gigavatios hora en 2021, lo que representó más del 28% de los requerimientos de energía del país ese año, según la misma fuente.
Los embalses introducen un cambio que no siempre se discute: convierten un río de régimen estacional en una serie de depósitos que se llenan y se vacían según la operación. En 2014, el nivel del embalse de Cerrón Grande pasó de 231,92 metros sobre el nivel del mar en mayo a 243,09 en octubre, y la descarga total mensual varió entre 48,35 y 279,90 metros cúbicos por segundo. Son números de operación, no de ecología, pero explican por qué el río aguas abajo ya no se comporta como un río libre.
El embalse que también es humedal
El embalse de Cerrón Grande es el mayor cuerpo de agua dulce del país y fue declarado sitio Ramsar el 22 de noviembre de 2005. La ficha oficial registra 60.698 hectáreas de humedal, de las cuales unas 13.500 corresponden al espejo de agua del embalse. El sitio abarca catorce municipios de Chalatenango, San Salvador, Cuscatlán y Cabañas, con una población ribereña estimada en 98.041 habitantes.
La ficha describe un ecosistema que combina el embalse con playones, isletas, parches de bosque tropical seco y una laguneta estacional. Registra al menos 15 especies de peces, 12 de ellas nativas, y lo identifica como el cuerpo de agua continental con mayor producción pesquera del país: 2.105 toneladas en 1997, 1.768 en 1998 y 2.049 en 1999.
También enumera sus problemas: contaminación del agua y eutrofización, deforestación, erosión y la presencia del jacinto de agua, una planta exótica que cubre superficies y afecta la pesca, la navegación y la calidad del agua. El documento es de 2004 y describe una situación que no ha desaparecido.
Sedimentos, aguas residuales y calidad
La calidad del agua es el punto donde la cuenca muestra su factura. Según el informe de calidad de ríos citado por López Díaz y Valle Cuéllar, el 78,7% de las muestras tomadas en cuerpos de agua del país presentaban una calidad mala o pésima, y el 79% de los ríos necesitaban planes de descontaminación. La fuente original es un reporte del Ministerio de Medio Ambiente de 2021.
El origen de esa carga está documentado. La Estrategia Nacional de Saneamiento Ambiental de 2013, citada en el mismo artículo, señalaba que el 95% de las aguas residuales domésticas se descargaban en un cuerpo receptor sin ningún tratamiento. A eso se suman vertidos industriales, residuos sólidos y escorrentía agrícola.
En la estación lluviosa el problema cambia de forma. El presidente de ANDA, Jorge Castaneda, explicó en mayo de 2025 que las lluvias convierten el Lempa en un río de color chocolate por el arrastre de sedimentos desde las zonas altas de la cuenca, y que esa turbidez complica la potabilización en la planta Torogoz. Buena parte de la tierra arrastrada proviene, según sus declaraciones, de actividades agrícolas dentro y fuera del país.
Un reporte de la Red Trinacional por el Rescate del Río Lempa, difundido en diciembre de 2025, sostiene que la calidad promedio del agua puede calificarse como regular, con un descenso de unos diez puntos en el índice de calidad en los últimos dieciséis años en las secciones altas y medias. El documento también alerta sobre la reducción del caudal: tramos que antes llevaban agua permanente mostraron sequías en 2025.
La gobernanza del Trifinio
Una cuenca de tres países necesita alguna forma de coordinación. La existente nació antes que el debate climático: el Plan Trifinio se formuló a partir de un acuerdo de cooperación firmado en 1986 con la Organización de los Estados Americanos y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.
- 1986: El Salvador, Guatemala y Honduras firman el acuerdo de cooperación para formular un plan de desarrollo integral en la región fronteriza.
- 1987: los vicepresidentes y el designado a la presidencia suscriben la Declaración de la Reserva Internacional de la Biosfera La Fraternidad, en el macizo de Montecristo.
- 1988: el Plan Trifinio se aprueba en Copán Ruinas y Santa Rosa de Copán, Honduras.
- 1997: el Tratado entre las Repúblicas de El Salvador, Guatemala y Honduras para la ejecución del Plan Trifinio se firma en la ciudad de Guatemala, el 31 de octubre.
- 2022–2026: se ejecuta el proyecto Fomentando la Seguridad Hídrica en la Región Trifinio, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, implementado por el PNUMA y ejecutado por la OEA.
- 2026: concluye el diálogo trinacional para construir un Programa de Acción Estratégica para la cuenca del Lempa.
Ese último proceso terminó en mayo de 2026 con un taller en la ciudad de Guatemala. La Comisión Trinacional del Plan Trifinio reportó diez espacios de consulta y diálogo en los tres países, con cerca de 400 representantes de instituciones públicas, gobiernos locales, organizaciones comunitarias, sociedad civil, academia y actores territoriales.
En julio de 2026, la Autoridad Salvadoreña del Agua informó del cierre de tres proyectos demostrativos en la cuenca alta. El balance oficial menciona 2.270 personas beneficiadas y más de 1.100 hectáreas con mejor gestión, además de 151 camas africanas para el secado de café, la modernización de sistemas comunitarios de agua en Metapán y El Guayabito y reservorios con capacidad para 50.000 litros.
Son intervenciones pequeñas frente a la escala del problema, y así conviene leerlas. La cuenca tiene 17.790 kilómetros cuadrados; un proyecto de 1.100 hectáreas cubre una fracción mínima. Su valor está en probar mecanismos —fondos de agua, compensación, café de ciclo cerrado— que podrían replicarse, no en resolver el balance hídrico por sí solos.
La demanda que presiona la cuenca
El agua de la cuenca no se usa solo para beber. Las estimaciones del Ministerio de Medio Ambiente para el Plan Nacional de Gestión Integrada del Recurso Hídrico, citadas en el artículo de la UCA, proyectaban para 2022 una demanda bruta de 2.468,1 millones de metros cúbicos, con el sector agropecuario a la cabeza.
Demanda bruta estimada por sector en El Salvador, 2022
| Sector | Millones de m³ | Participación |
|---|---|---|
| Agropecuario | 1.322,43 | 53,6% |
| Abastecimiento | 715,08 | 29,0% |
| Energía | 256,28 | 10,4% |
| Acuícola | 88,55 | 3,6% |
| Industria | 81,22 | 3,3% |
| Hotelero | 4,54 | 0,2% |
| Total | 2.468,10 | 100% |
Fuente: MARN, 2017, citado en López Díaz y Valle Cuéllar (2025).
La industria también se concentra en la cuenca. Según datos de la Autoridad Salvadoreña del Agua de 2022 citados en el mismo artículo, el 62% de las 18.429 industrias identificadas en el país estaban en la región hidrográfica del Lempa: 11.359 establecimientos con una demanda anual de 75,15 millones de metros cúbicos. La cuenca es, a la vez, la fuente principal y el principal punto de descarga.
La tendencia tampoco es estable. Entre 2012 y 2022 la demanda pasó de 2.120,41 a 2.468,1 millones de metros cúbicos, un aumento de 347,69 millones, equivalente a 16,4 puntos porcentuales en una década. Cualquier discusión sobre disponibilidad futura tiene que empezar por reconocer ese crecimiento, que ocurre sobre una oferta que no aumenta.
Lo que falta medir
El país tiene estaciones meteorológicas del SNET y del MARN, un sistema de información hídrica y reportes periódicos de calidad. Lo que falta es continuidad y granularidad. Un dato de lluvia anual no dice cuánta agua se infiltró en un acuífero, cuánta se extrajo de un pozo ni cuánta se perdió en una red municipal.
Hay tres vacíos que cualquier política hídrica tendría que cerrar. El primero es la contabilidad del agua subterránea: cuánta se extrae, cómo evolucionan los niveles y qué pozos abastecen a comunidades enteras. El segundo es el uso real por sector, con medidores y registros públicos. El tercero es el sedimento: cuánto llega al embalse cada año y cuánta capacidad útil se pierde.
Ninguno de esos vacíos se resuelve con una obra nueva. Se resuelven con medición sostenida, publicación de series y acuerdos entre instituciones que hoy miden cosas distintas con criterios distintos. La cuenca del Lempa ya funciona como infraestructura; la pregunta es si el país va a operarla con información o a ciegas.
Mientras eso no ocurra, la discusión pública seguirá saltando entre dos frases: que el Lempa es la riqueza del país y que el Lempa se está muriendo. Las dos pueden ser ciertas al mismo tiempo. Lo que falta es el dato que permita saber en qué tramo, con qué magnitud y desde cuándo.