Daisuke Kajiyama, viajero japonés que recorrió varios países durante años, regresó a Japón en 2011 con el objetivo de abrir una casa de huéspedes en una vivienda tradicional japonesa, conocida como kominka. Junto a su esposa Hila, quien es israelí, encontraron en Tamatori, una pequeña localidad en la prefectura de Shizuoka, dos casas abandonadas que decidieron restaurar para este fin.
Contexto de la vivienda y el proyecto
Las casas, una antigua fábrica de té verde y un hogar agrícola, llevaban al menos siete años deshabitadas y requerían una renovación profunda. Según informó Kajiyama a CNN, la propiedad no estaba a la venta formalmente, pero logró un acuerdo para hacerse cargo de ellas bajo ciertas condiciones, dada la tradición japonesa de herencia familiar.
El proyecto implicó una inversión aproximada de 40,000 dólares en restauración, incluyendo la incorporación de materiales tradicionales como maderas recuperadas de demoliciones de otras casas antiguas. Kajiyama destacó que la autenticidad del inmueble era fundamental, por lo que evitó el uso de materiales modernos para conservar el estilo original.

Renovación y apertura al turismo rural
La pareja dedicó el primer año a limpiar y preparar las viviendas, además de integrarse con la comunidad local, apoyando en tareas agrícolas. La casa de huéspedes, que cuenta con tres habitaciones y unos 80 metros cuadrados, abrió sus puertas en 2014 bajo el nombre de Yui Valley.
Para facilitar la operación, Kajiyama registró la propiedad como una casa de huéspedes agrícola, combinando su actividad con el cultivo de bambú, aprovechando los bosques de la zona. El alojamiento se ha convertido en un destino para turistas internacionales que buscan una experiencia auténtica en el campo japonés, lejos del bullicio de las grandes ciudades.
Impacto y legado
Según Kajiyama, la iniciativa ha revitalizado un área rural afectada por el fenómeno de casas abandonadas —conocidas como "akiya"— que aumentan en Japón debido al éxodo juvenil hacia las ciudades y la disminución poblacional proyectada a 88 millones para 2065, desde los 127 millones actuales, según datos del Japan Policy Forum.
La comunidad local ha valorado positivamente la transformación, y la mujer que inicialmente señaló las casas abandonadas expresó su sorpresa y agradecimiento por el cambio. Kajiyama continúa trabajando en mejoras y mantiene la casa cerrada durante el invierno, dedicándose también a la agricultura y a viajar.
La esposa de Kajiyama, Hila, falleció en 2022, y él reconoce que su apoyo fue fundamental para concretar este proyecto que combina turismo, cultura y conservación rural.




