La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó que el fenómeno climático El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes entre noviembre de 2026 y enero de 2027, provocando un aumento de hasta 3.8 grados centígrados en la temperatura superficial del océano Pacífico. Esta situación impactaría a Honduras con incrementos de temperatura de entre 2 y 3.5 grados sobre sus promedios habituales, según explicó el experto en clima César Quintanilla.
Incremento de temperaturas y riesgos asociados
De acuerdo con Quintanilla, zonas como Tegucigalpa, donde la temperatura promedio oscila entre 32 y 34 grados, podrían experimentar olas de calor con temperaturas superiores a los 37 grados, aumentando la sensación térmica y el riesgo de golpes de calor. En la región sur del país, que ha registrado hasta 43 grados, se proyectan temperaturas máximas de hasta 46.5 grados.
Asimismo, el Valle de Sula y el corredor seco hondureño enfrentarán incrementos térmicos de aproximadamente tres a tres grados y medio, respectivamente. Estas condiciones extremas podrían desencadenar sequías prolongadas, aumento de incendios forestales y crisis hídrica, afectando la seguridad alimentaria y la generación de energía hidroeléctrica.
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El fenómeno El Niño también representa un riesgo para la agricultura y ganadería, sectores vulnerables a las variaciones climáticas. La escasez de agua y las altas temperaturas podrían reducir la productividad y aumentar las pérdidas económicas en estas áreas.
Según informó la ONU, se prevé una racionalización del uso del agua y la implementación de estrategias para mitigar los efectos negativos en la población y el medio ambiente. La preparación ante olas de calor extremas es fundamental para evitar impactos en la salud pública.
Contexto regional y perspectivas
El aumento de las temperaturas en Honduras se enmarca en un contexto global de cambios climáticos asociados a El Niño, que afecta diversas regiones con patrones irregulares de lluvia y calor. La ONU enfatiza que este fenómeno puede generar sequías en algunas zonas y lluvias abundantes en otras, complicando la gestión ambiental y social.
En este sentido, las autoridades hondureñas y organizaciones internacionales trabajan en la vigilancia climática y en la difusión de alertas para minimizar los daños y proteger a las comunidades más vulnerables.




