Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford ha logrado crear ratones cuyo cerebro, específicamente la corteza cerebral y el hipocampo, está compuesto en gran parte por células humanas. Esta innovadora técnica, publicada en la revista Nature, consiste en modificar genéticamente a los ratones para que no desarrollen completamente estas áreas cerebrales, permitiendo que las células humanas implantadas ocupen ese espacio y se integren funcionalmente.
Desarrollo y resultados del experimento
El equipo liderado por el neurocientífico Sergiu Pașca utilizó organoides cerebrales humanos, que son pequeñas estructuras de tejido neural cultivadas en laboratorio, para implantarlos en ratones recién nacidos con deficiencias en la corteza y el hipocampo. En cuestión de semanas a meses, las células humanas proliferaron y ocuparon casi la mitad del volumen cerebral de estos animales.
Según explicó Pașca, los ratones con estas células humanas mostraron una mejora significativa en pruebas de memoria, como laberintos, en comparación con aquellos que carecían de estas células. Mientras que los ratones modificados sin células humanas tenían dificultades para recordar áreas exploradas, los llamados “ratones xenocorticales” demostraron capacidades cognitivas superiores.

Implicaciones éticas y científicas
Este avance representa un paso importante en la combinación de ingeniería genética y tecnología de células madre para modelar enfermedades y estudiar funciones cerebrales. Carsten Charlesworth, científico de Stanford no involucrado en el estudio, destacó la importancia de esta integración entre tejidos humanos y animales, que desafía las fronteras tradicionales de la biología.
Pașca también advirtió sobre los límites éticos de esta tecnología, especialmente en especies más cercanas al ser humano. Rechazó realizar experimentos similares en primates, debido al riesgo de generar grandes volúmenes de tejido cerebral humano funcional que podrían difuminar las diferencias cognitivas entre especies.
Potenciales aplicaciones futuras
Los ratones con corteza cerebral humana podrían ser útiles para investigar lesiones cerebrales y enfermedades neurodegenerativas, ofreciendo un modelo más preciso para probar tratamientos. Además, esta técnica abre la puerta a explorar terapias basadas en organoides para pacientes con daños cerebrales, aunque aún se requieren estudios adicionales para evaluar riesgos y beneficios.
Este desarrollo se suma a investigaciones previas que conectan organoides cerebrales con sistemas computacionales, explorando su capacidad para procesar información y realizar tareas complejas.




