Copán está en el occidente de Honduras, cerca de la frontera con Guatemala. Fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en 1980 y desde entonces funciona como uno de los grandes laboratorios de la arqueología maya. Su historia —excavaciones, restauraciones, disputas por el turismo— ofrece lecciones para toda la región, incluido El Salvador.
La ciudad fue el centro político, civil y religioso del valle de Copán y de un territorio mayor que cubría el sureste del área maya y su periferia, según la UNESCO. Su conjunto principal reúne la Acrópolis, varias plazas y la Escalinata Jeroglífica, uno de los documentos en piedra más importantes de Mesoamérica.
Una capital del Clásico
La ficha de la UNESCO sitúa la primera evidencia de población en el valle hacia 1500 a.C., la llegada de inmigrantes maya-cholanes desde las tierras altas de Guatemala hacia el año 100 d.C. y la fundación de la dinastía en 427 d.C., cuando Yax Kuk Mo llegó procedente del área de Tikal. Esa dinastía tuvo 16 gobernantes y convirtió a Copán en una de las grandes ciudades del período Clásico.
El proyecto publicado en 1976 por Gordon R. Willey, William R. Coe y Robert J. Sharer en la revista Yaxkin ofrece otra cronología. Sitúa la primera ocupación del sitio en el Preclásico Tardío, entre 400 a.C. y 300 d.C., la estela más antigua fechada en 465 d.C. y la última con fecha en 800 d.C. Para 900 d.C., o antes, el gran centro había sido abandonado.
Las dos cronologías miden cosas distintas: una habla de evidencia de población en el valle, la otra de la ocupación del sitio y de su centro ceremonial. Esa diferencia de escala es habitual en arqueología y conviene tenerla presente cuando se citan fechas de fundación.
La escalinata y el archivo de piedra
La Escalinata Jeroglífica tiene unos 100 metros de ancho y más de 1.800 glifos individuales. La UNESCO la describe como la inscripción maya más larga conocida y la base del criterio (vi) de inscripción: su valor histórico para el sitio y para un área cultural más amplia.
El resto del conjunto no es menor. La Gran Plaza se extiende sobre unas tres hectáreas niveladas y originalmente pavimentadas, y la Acrópolis se eleva unos 30 metros sobre el terreno. El corte arqueológico que la atraviesa es, según la UNESCO, el más grande del mundo en su tipo: un tajo que permite leer capas sucesivas de plazas y desagües cubiertos.
Esa acumulación de pisos y remodelaciones es también su punto débil. Cada ampliación dejó estructuras anteriores enterradas; exponerlas implica decidir qué se sacrifica. De ahí que la conservación de Copán sea, antes que nada, una serie de elecciones sobre qué parte del sitio se muestra y cuál se deja protegida bajo tierra.
Cómo se excavó Copán
El sitio fue dado a conocer en 1570 por Diego García de Palacio. En 1840 lo visitaron John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, cuyas descripciones y dibujos lo hicieron famoso. En la década de 1890 el Museo Peabody de la Universidad de Harvard excavó varias temporadas, y Alfred Maudslay trabajó para el Museo Británico.
En la década de 1930 la Institución Carnegie, junto con el Gobierno de Honduras, dedicó varios años a excavar, limpiar y consolidar el sitio, con trabajos dirigidos por Gustavo Stromsvik. De ese período salió Copan Ceramics, de J. M. Longyear, publicado en 1952, que estableció la cronología cerámica básica. En la década de 1970, el proyecto de Willey, Coe y Sharer propuso organizar el trabajo en cuatro frentes: investigación y estabilización del corte del río, excavaciones mayores en la Acrópolis, consolidación y restauración, y estudios de epigrafía y arte.
La arqueóloga Gloria Lara Pinto recuerda que el Proyecto Arqueológico Copán tuvo una primera fase dirigida por Claude Baudez entre 1977 y 1979 y una segunda bajo William T. Sanders entre 1980 y 1985. Después vinieron proyectos especializados y la cooperación japonesa en los valles vecinos de La Entrada, La Venta y Florida.
Excavar y restaurar fueron tareas simultáneas. La consolidación no llegó después de la investigación: fue parte del proyecto desde el inicio, porque la piedra expuesta se deteriora con rapidez en un clima tropical.
Conservar una acrópolis de piedra y tierra
La UNESCO identifica varias amenazas: la erosión del río Copán, la microflora, las prácticas agrícolas en los conjuntos periféricos, la presión urbana de Copán Ruinas y los sismos. El sitio está en zona sísmica y ha sufrido daños por al menos dos terremotos. La evaluación señala que esos impactos han sido en buena medida mitigados y se monitorean, pero que la integridad necesita reforzarse ampliando los límites del parque.
La autenticidad también se administra. Desde 1997 algunos monumentos originales fueron trasladados al Museo de Escultura para su preservación y sustituidos en el sitio por réplicas. La decisión sigue criterios conservacionistas, aunque obliga a explicar al visitante que lo que ve no siempre es la piedra original.
En 2019, el Comité del Patrimonio Mundial pidió al Estado hondureño información sobre tres frentes: el plan de conservación de los túneles, el mantenimiento y monitoreo de la estructura de protección de la Escalinata Jeroglífica, y la preparación de una estrategia de turismo sostenible. También urgió a culminar el nuevo plan de manejo, previsto para entrar en vigor en 2021.
El turismo en cifras
El Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) reportó 248.648 visitantes a parques arqueológicos, parques ecoarqueológicos, fortalezas y museos del país entre enero y el 30 de septiembre de 2024. La cifra equivale al 69,07 % de la meta anual de 360.000 visitantes y representa 59.157 visitas menos que en el mismo período de 2023.
Del total, 210.361 fueron visitantes nacionales y 38.287 extranjeros. Copán Ruinas fue el destino más visitado, con 84.938 personas, pero esa cifra bajó 22,97 % frente a las 110.270 registradas en el mismo lapso del año anterior. El informe atribuye la caída general del sistema, entre otros factores, a la falta de promoción de los parques.
La concentración también importa: un solo parque absorbe cerca de un tercio de todas las visitas del sistema. Para las comunidades del valle, eso significa que la economía del turismo depende de un flujo muy sensible a la promoción, al tipo de cambio y a la percepción de seguridad.
Turismo, aeropuerto y comunidad
Gloria Lara Pinto advirtió en 2006 sobre los riesgos de un turismo mal manejado. Señaló que los visitantes que llegan por la mañana y regresan por la tarde a su lugar base no dejan beneficios a los residentes, y que los gestores turísticos a veces toman decisiones sobre infraestructura sin considerar la normativa ni la opinión de los expertos.
El caso que mencionó como más preocupante fue la propuesta de construir un aeródromo a 17 kilómetros de Copán, contra los dictámenes de arqueólogos, ecólogos, ICOMOS Internacional y la propia UNESCO. El proyecto se presentaba junto con la puesta en valor de otro sitio, Río Amarillo. Lara Pinto subrayó la contradicción de promover un destino y destruir su entorno.
La discusión sobre quién decide sigue abierta. En febrero de 2024, la UNESCO y el IHAH realizaron en Copán un taller de actualización del plan de manejo, con apoyo de Japón y la participación de un experto de ICOMOS. Se abordaron accesibilidad, comunicación, tecnologías digitales y turismo sostenible. Entre los participantes estuvieron comisiones indígenas locales, la red municipal de mujeres, la asociación de guías turísticos, cámaras de comercio y turismo, y autoridades municipales.
Quién gestiona y con qué reglas
El IHAH administra el sitio. La protección legal combina la Constitución de 1982, la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación de 1997, la Ley General del Ambiente de 1993 y un decreto presidencial de 1982 que creó el Monumento Nacional de Copán a lo largo de unos 30 kilómetros, incluido el valle. La UNESCO considera que el marco existe, pero que su aplicación no siempre es satisfactoria y que faltan regulaciones específicas para coordinar las leyes concurrentes.
El primer plan de manejo es de 1984 y se actualizó en 2001. La evaluación internacional lo calificó de débil en conservación, sin política precisa, sin preparación para desastres y sin incorporar a la comunidad local. El nuevo plan, exigido por el Comité, debía entrar en vigor en 2021. La propiedad inscrita abarca 15.095 hectáreas, con una zona de amortiguamiento de 258.365 hectáreas y un parque arqueológico de unas 84,7 hectáreas.
En 2021 se aprobó una modificación menor de límites. La UNESCO señala, por separado, que la integridad debe reforzarse ampliando los límites del parque y delimitando una nueva zona de amortiguamiento, porque el crecimiento de Copán Ruinas presiona los conjuntos periféricos.
Qué ve el visitante
El recorrido muestra plazas, estelas, altares y la escalinata bajo una cubierta de protección. Lo que se observa combina originales, réplicas y estructuras consolidadas. El Museo de Escultura, cerca del parque, conserva las piezas trasladadas desde 1997 y permite entender el nivel de talla que alcanzó la ciudad.
Conviene mirar el sitio como un archivo en uso, no como una ruina detenida. Cada cubierta, cada réplica y cada sendero es una decisión de conservación. Esa dimensión debería formar parte de la visita guiada, porque explica por qué el lugar sigue siendo objeto de investigación y no solo de contemplación.
Lo que sigue abierto
Quedan pendientes la estrategia de turismo sostenible, la implementación plena del plan de manejo, la ampliación de límites y la distribución de beneficios entre las comunidades del valle. También sigue abierta la investigación sobre la ocupación preclásica y sobre las causas del colapso, dos temas que las nuevas excavaciones pueden precisar.
Copán enseña que conservar un sitio maya no consiste en congelarlo. Consiste en decidir, con evidencia y con participación, qué se expone, qué se resguarda y quién asume el costo de mantenerlo en pie.
Copán en datos
| Indicador | Valor | Fuente |
|---|---|---|
| Inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial | 1980 | UNESCO |
| Superficie inscrita | 15.095 ha | UNESCO |
| Zona de amortiguamiento | 258.365 ha | UNESCO |
| Parque Arqueológico de Copán | unas 84,7 ha | UNESCO |
| Glifos en la Escalinata Jeroglífica | más de 1.800 | UNESCO |
| Visitantes a Copán Ruinas, enero–septiembre de 2024 | 84.938 | Secretaría de Finanzas de Honduras / IHAH |
Fuente: UNESCO y Secretaría de Finanzas de Honduras.
Copán pertenece al mismo sureste maya que Chalchuapa y Joya de Cerén. Sus problemas de conservación y de gestión del turismo se parecen a los de los parques salvadoreños: presupuesto limitado, presión urbana, visitantes concentrados y comunidades que no siempre participan de los beneficios. Mirar lo que se hace en Copán, y lo que se discute, es una forma de anticipar discusiones propias.