San Salvador no se abastece de un solo río ni de un solo acuífero. Se abastece de una combinación de pozos perforados en el valle, manantiales en las laderas y un trasvase de agua desde el río Lempa que recorre 46 kilómetros antes de llegar a la llave. Esa mezcla explica por qué la ciudad resiste sequías cortas y, al mismo tiempo, por qué es vulnerable a fallas eléctricas, a la turbidez del río y al deterioro de una red que pierde más de la mitad del agua que transporta.
Dos fuentes, un solo sistema
Según el boletín estadístico de ANDA citado en un trabajo de grado de la Universidad de El Salvador (2024), en 2023 el área metropolitana produjo 216,4 millones de metros cúbicos de agua potable. De ese total, los sistemas que se abastecen de mantos acuíferos aportaron la mayor parte: 45,4% los sistemas tradicionales y 21,8% el sistema Zona Norte. La planta potabilizadora Torogoz, que trata agua superficial del Lempa, produjo el 32,6%.
La proporción es la clave para leer cualquier noticia sobre desabastecimiento. Dos tercios del suministro dependen del agua subterránea, que no se ve y se recarga lentamente; un tercio depende de un río que está a 46 kilómetros y debe ser bombeado cuesta arriba. Cuando falla cualquiera de las dos fuentes, el sistema no tiene un sustituto equivalente.
El Banco Mundial ofrece otra medida del mismo sistema. En el proyecto aprobado en abril de 2023, con un préstamo de 100 millones de dólares, calculó que la planta Torogoz abastece a cerca del 40% de la población del área metropolitana, en municipios como San Salvador, Apopa, Ciudad Delgado, Cuscatancingo, Ayutuxtepeque y Soyapango. La diferencia con el 32,6% no es una contradicción: una cifra mide población servida y la otra, volumen producido.
El río que se bombea 600 metros
El Lempa nace en Guatemala, recorre 422 kilómetros y drena una cuenca de 18.240 kilómetros cuadrados repartidos entre tres países, de la cual el 56% está en El Salvador. El trabajo de la UES consigna que el río aporta el 72% del agua potable del área metropolitana; esa cifra no coincide con el 32,6% de volumen que el mismo trabajo atribuye a la planta Torogoz. La fuente no explica la diferencia: es probable que mezcle población servida con volumen producido, pero no lo aclara.
La planta que convierte ese río en agua potable está en el cantón Las Pavas, en La Libertad Norte. Fue construida en 1993 con una producción inicial de 1,5 metros cúbicos por segundo y modernizada en 2021, cuando su capacidad subió a 3,0 metros cúbicos por segundo. El agua cruda se capta a un kilómetro de la planta, pasa por un desarenador, recibe carbón activado, entra en mezcla y floculación, se sedimenta, se filtra y se desinfecta.
El detalle que suele omitirse es el costo energético. Un diagnóstico de JICA sobre el sistema de ANDA, publicado en 2011, describe que el agua tratada se eleva unos 600 metros y se envía al área metropolitana mediante tres estaciones de rebombeo. La misma fuente advierte que la planta debe detenerse cuando la turbidez del río es extremadamente alta; para reducir el impacto se construyó un reservorio de 200.000 metros cúbicos junto a la planta.
Ese es el punto débil estructural del trasvase. Lluvias intensas en la cuenca alta arrastran sedimentos; el río se enturbia; la planta reduce o suspende la captación; y la ciudad depende entonces de los pozos y de lo almacenado. La sequía no es la única amenaza: también lo es una tormenta bien colocada.
Los pozos: la mitad invisible
El mismo diagnóstico de JICA describía el sistema metropolitano con 110 pozos de agua subterránea, 16 captaciones superficiales y 169 reservorios. La Zona Norte agrupaba entonces 17 pozos en subsistemas como Opico, Quezaltepeque, Nejapa y San Juan Opico; los sistemas tradicionales sumaban 93 pozos distribuidos en varios bloques, más las 16 captaciones de manantiales en laderas como Panchimalco, La Danta y el río Urbina.
El agua subterránea tiene ventajas claras: no requiere bombeo desde 46 kilómetros ni depende de la turbidez del río. También tiene un problema químico documentado. El diagnóstico señala altos contenidos de hierro y manganeso en parte de las fuentes, lo que obliga a tratar el agua antes de distribuirla, y describe la desventaja de operar «multitud de sistemas pequeños de pozos», con costos de operación y mantenimiento altos.
La diferencia entre 110 pozos y una planta potabilizadora es también una diferencia de gobernanza. Una planta se opera y se reporta como una unidad; cien pozos dispersos se miden mal y dependen de un acuífero que nadie ve.
La planta de Ilopango y el futuro inmediato
En julio de 2026, el presidente de ANDA informó que la nueva planta potabilizadora de Ilopango registraba un avance del 95% y que la inversión ascendía a 40 millones de dólares. La obra incluye la perforación de ocho pozos, pretratamiento, desinfección y conducción, y beneficiaría a siete distritos del Gran San Salvador, con unas 250.000 familias.
El dato importa por una razón de diseño: la nueva planta se alimenta de pozos, no de un río, y refuerza el componente subterráneo, que hoy aporta dos tercios del volumen. Aumenta la capacidad disponible y también la presión sobre los acuíferos del valle.
El 61,2% que no se factura
El dato más contundente del sistema no está en la oferta sino en la red. Según el Boletín Estadístico 2025 de ANDA, difundido por El Diario de Hoy en septiembre de 2026, el 61,2% del volumen producido correspondió a agua no contabilizada. La producción nacional, sumando ANDA y operadores descentralizados, fue de 440 millones de metros cúbicos; el consumo facturado cerró en 170,35 millones. La diferencia —269,28 millones de metros cúbicos— no generó ingresos.
La institución atribuye las pérdidas a redes antiguas, conexiones ilegales y uso de hidrantes en emergencias. El boletín añade que más de 50.000 servicios operan con conexión directa sin medidor (5,4% del total) y que otro 5,3% de los medidores instalados presenta fallas mecánicas por manipulación o antigüedad. El indicador mejoró apenas 1,2 puntos respecto de 2024, cuando fue de 62,4%.
Para dimensionar lo que significa, basta una comparación: 269 millones de metros cúbicos al año equivalen a casi tres veces lo que la planta Torogoz puede producir en un año a su capacidad máxima. Reducir pérdidas no es una medida ambiental accesoria; es, en la práctica, una fuente de agua que ya está pagada.
Cobertura: la brecha que el promedio esconde
El mismo boletín reporta cobertura urbana de agua potable de 77,8%, con 73,8% de conexión domiciliar directa, y cobertura rural de 32,9%. En saneamiento, la cobertura urbana de alcantarillado se sitúa en 52,3%. Casi la mitad de las nuevas conexiones de alcantarillado del año se concentraron en la capital.
Hay que leer esas cifras con una advertencia que la propia nota periodística señala: los datos se refieren a los sistemas administrados por ANDA y no contabilizan a la población abastecida por juntas de agua comunitarias, pozos privados o sistemas independientes. En el área rural, buena parte del servicio no pasa por la empresa estatal. La cobertura real es distinta, aunque nadie sabe con precisión cuánto.
La región metropolitana concentra el 52,5% de la producción nacional y el 50,5% del consumo facturado. Es el corazón operativo del sistema y, al mismo tiempo, el lugar donde las pérdidas tienen mayor impacto absoluto, simplemente porque por ahí pasa más agua que por cualquier otra región.
El sistema de agua del área metropolitana en cifras
| Indicador | Dato | Año | Fuente |
|---|---|---|---|
| Producción de agua potable en el AMSS | 216,4 millones de m³ | 2023 | UES, con boletín de ANDA |
| Aporte de sistemas con pozos (tradicionales y Zona Norte) | 67,2% del volumen | 2023 | UES, con boletín de ANDA |
| Aporte de la planta Torogoz (río Lempa) | 32,6% del volumen | 2023 | UES, con boletín de ANDA |
| Capacidad de la planta Torogoz | 3,0 m³ por segundo | 2021 | UES, 2024 |
| Agua no contabilizada a escala nacional | 61,2% | 2025 | ANDA, Boletín Estadístico 2025 |
| Volumen no facturado | 269,28 millones de m³ | 2025 | ANDA, Boletín Estadístico 2025 |
| Cobertura urbana de agua potable | 77,8% | 2025 | ANDA, Boletín Estadístico 2025 |
| Cobertura rural de agua potable | 32,9% | 2025 | ANDA, Boletín Estadístico 2025 |
Fuente: Elaboración propia con las fuentes citadas. Las coberturas corresponden a sistemas administrados por ANDA.
El acuífero y el suelo que lo recarga
Entre 2020 y 2024, el programa EUROCLIMA de la Unión Europea, con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Agencia Francesa de Desarrollo y la oficina de planificación del área metropolitana (COAMSS/OPAMSS), ejecutó un proyecto de gestión hídrica de 1,5 millones de euros. Su población de referencia: 850.198 mujeres y 724.804 hombres, es decir, algo más de 1,57 millones de personas en municipios del AMSS.
El proyecto produjo mapas normativos de hidrogeología, recarga, vulnerabilidad y riesgo de contaminación del acuífero; un estudio de balance hídrico e hidrogeológico; y una propuesta de actualización del reglamento de la ley de desarrollo territorial del área metropolitana. También instaló pozos de monitoreo en Mejicanos y Santa Tecla, un pozo de recarga en San Martín y sistemas urbanos de drenaje sostenible, como el de la Colonia Médica.
La lógica de esas obras es sencilla y difícil a la vez: si la ciudad pavimenta más superficie, el agua de lluvia escurre hacia el drenaje en lugar de infiltrarse. Un pozo de recarga o un drenaje sostenible devuelven parte de ese volumen al acuífero. Son intervenciones pequeñas frente a la escala del problema, pero apuntan al único factor que puede sostener la fuente de dos tercios del suministro.
Lo que falta medir
El sistema capitalino tiene una ventaja sobre otros temas ambientales: existen datos de producción, facturación, cobertura y obras. Lo que falta es la información que permitiría anticipar crisis: no hay una serie pública desagregada de continuidad por distrito, ni de niveles piezométricos de todos los pozos, ni de extracción por usuario.
Sin esos datos, la discusión se mueve entre anécdotas: el barrio que recibe agua dos veces por semana, la colonia donde baja la presión en marzo, el pozo que hubo que profundizar. Todas pueden ser ciertas y ninguna es verificable a escala. Un sistema que produce 216 millones de metros cúbicos al año y no factura el 61% de lo que produce tiene, además de un problema de ingresos, un problema de información.
La agenda inmediata se puede resumir en cuatro frentes: reducir pérdidas, que es la fuente más barata; sostener el acuífero, que es la fuente más grande; proteger la cuenca del Lempa, que es la fuente más vulnerable; y publicar datos desagregados, que es la condición para que los otros tres sean verificables. La planta de Ilopango y la modernización de los bombeos apuntan al primero y al segundo. Los otros dos dependen de decisiones que no se toman en una planta.