El brote de gusano barrenador en Nicaragua ha desencadenado una crisis significativa en el sector ganadero, obligando al país a invertir más de 1,200 millones de córdobas (aproximadamente 32.8 millones de dólares) en un esfuerzo por controlar la plaga. Sin embargo, la propagación continúa afectando tanto a animales como a humanos, lo que ha generado preocupación entre los productores y las autoridades.
Impacto económico y sanitario
Desde la declaración de alerta sanitaria en abril de 2024, el gusano barrenador ha afectado a 29,241 animales, siendo el ganado bovino el más perjudicado. Además, se han reportado 323 casos humanos, con Managua liderando las estadísticas de infecciones. La plaga no solo afecta la salud animal y humana, sino que también amenaza las exportaciones y la estabilidad económica del sector ganadero.
Medidas gubernamentales
El gobierno nicaragüense ha implementado el Dispositivo Nacional de Emergencia en Sanidad Agropecuaria, estableciendo zonas de cuarentena y realizando intervenciones en más de 157,000 fincas. Sin embargo, los productores expresan su incertidumbre ante la efectividad de las medidas, como el uso de moscas estériles y productos químicos, debido a la falta de comunicación clara por parte de las autoridades.
Presupuesto y desafíos futuros
El presupuesto del Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (IPSA) ha aumentado en los últimos años, con más de 600 millones de córdobas asignados para 2025 y 2026. A pesar de estas inversiones, los productores cuestionan la transparencia y eficacia de los programas, mientras el riesgo de restricciones comerciales y sanciones internacionales sigue presente.
