El exorcismo es una práctica religiosa que trata de expulsar espíritus malignos o demonios del cuerpo de una persona. Según un teólogo, la práctica no es bíblica, pero sí existen registros históricos que habrían sucedido en la época de Jesús, según la información difundida.
El exorcismo es una forma específica de oración que la Iglesia usa contra el poder del demonio, y forma parte de los sacramentales, signos sagrados instituidos por la Iglesia para santificar diferentes circunstancias de la vida; aunque el criterio para hacer un exorcismo está cimentado en el ministerio de Jesucristo (cfr. Mc 1, 34. 39; Lc 4, 35; Mt 17, 18), no existe un fundamento bíblico para el rito formal del exorcismo, aparte del uso de citas o fragmentos de los salmos y del Evangelio que fueron incluidos en el rito a medida que evolucionaba, según la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB).
La Sagrada Escritura enseña que Jesucristo expulsaba los demonios y liberaba a los hombres de la posesión de los espíritus malignos (cf. Mc 1, 25 ss.), y de él deriva a la Iglesia el poder y la tarea de exorcizar (cf. Mc 3, 15; 6, 7. 13; 16, 17); el exorcismo solemne, llamado «gran exorcismo», puede ser practicado solo por un presbítero y con el permiso del obispo, y es importante asegurarse, antes de celebrarlo, de que se trate de una presencia del maligno y no de una enfermedad, según explicó el Vaticano.
Los registros históricos de la época de Jesús a los que alude el teólogo corresponden a los relatos evangélicos: los Evangelios dejan claro que una de las acciones más realizadas por Jesús era la expulsión de demonios, como en el caso del endemoniado de Gerasa, de la mujer encorvada o de María Magdalena, de quien expulsó siete demonios, y que Jesús transmitió ese poder a sus discípulos (cf. Mc 6, 7; Lc 10, 17), según publicaciones teológicas de la orden de los dominicos. La práctica del exorcismo continúa en la vida de la Iglesia como parte del cuidado pastoral de las almas, concluyó el reporte.



